El fantasma del medio día

Hola!! Empezamos el año con toda… algunos ya retomando su rutina y otros queriendo hacer cambios porque los días de descanso les trajeron claridad.

Este tema del podcast de hoy, salió de la sugerencia de una oyente que está viviendo el famoso síndrome del nido vacío, cuando los hijos se van de la casa y los esposos se quedan sin qué hacer ni tienen temas en comun con los que volver a reencontrarse.

Días después, leí una columna en el periódico que hablaba del temido Fantasma del medio día, esa época en la que se cumplen todos los requerimientos “sociales” y del deber ser y de repente descubrimos que no sabemos a dónde ir en busca de algo más verdadero.

Construí entonces este episodio basada también en todas las épocas de transición que vivimos, en las que nos quedamos con una oportunidad única de encontrarnos y de llegar a diseñar una vida más auténtica, menos para los demás, más para nosotros mismos.

Por aquí va el audio completo. Que lo disfrutes!

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Llenar de significado el fin de 2018

 

Estamos a 10 días de cerrar un año. Probablemente no hemos tenido tiempo para pensar más allá de las fiestas de diciembre, el cierre laboral y los regalos de navidad. No podemos olvidar sin embargo que cerrar el ciclo también es importante. Y no necesariamente porque el año haya sido bueno o malo, sino porque al revisar y permitirnos evaluar lo que fue, lo que quedó pendiente y lo que definitivamente finalizó durante estos 365 días, naturalmente hacemos espacio para recibir el año que llega.

El 21 de diciembre es el día del Solsticio de Invierno. El día en el que el sol está más lejos desde nuestro punto de vista. Simbólicamente es el día más frío del año, que nos invita a sembrar la semilla que queremos que dé fruto en el solsticio de verano del año entrante. Como en la naturaleza, es posible que muchos de nuestros sueños y metas estén “dormidos” a la espera del fin de la temporada de fiestas y las distracciones, pero no podemos olvidarlos, y menos aún pensar que se van a dar por si solos.  Así como una empresa organiza sus presupuestos y proyectos con buena antelación, te invito a que te tomes estos días que nos restan del año para soñar con ambición y sin miedo lo que esperas para ti en todas las áreas de tu vida.

En este episodio del Podcast te comparto todas las ideas que funcionan para mí y mi plan para este día.

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¿Podemos hablar de libertad?

No existe libertad sin responsabilidad. Cuando niños repetimos a menudo que ¨queríamos ser libres para hacer lo que nos diera la gana”. Sin embargo crecemos y nos damos cuenta de todo lo que implica esa añorada libertad.

Al ser dueños de nuestro destino, automáticamente nos convertimos en dueños de las consecuencias de todo lo que escogemos para nosotros y de la manera como decidimos actuar.

Así pues, es un poco infantil quejarnos de lo que nos pasa, cuando muchas veces obedece a la consecuencia lógica de lo que en nuestro inmenso privilegio de ser libres, elegimos hacer, estudiar, comer, hablar y hasta pensar.

Si bien la responsabilidad es el límite natural de ser libres, muchas veces nos perdemos del gran privilegio de escoger la vida que queremos por miedo. Y esta si que es una tontería pues es un límite autoimpuesto e innecesario.

La próxima vez que te preguntes ¿qué pensarán de mí?, cambia la pregunta por ¿Qué es lo peor que podría pasarme? Y si esto incluye decepcionar a unos cuantos en nombre de tu realización personal, hazlo. Eso sí, recuerda, que todo cuanto se desprenda de esa decisión, es únicamente tuyo.

La libertad es un concepto refinado y especial y corre en una línea delgada entre lo que yo soy y sueño y lo que son y sueñan los demás.

Sé que muchas veces criticamos a los adolescentes por su falta de límites, pero he visto muchos adultos que son bien parecidos en su actuar!

Los invito a oír el podcast ¿Podemos hablar de libertad? Y que me compartan sus conclusiones al respecto.

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Ser el personaje inconveniente “Constelaciones familiares”

Este año me sorprendió con un nuevo papel para mí. Yo había sido difícil, rebelde, hasta grosera, tengo que aceptarlo, ¿pero inconveniente? jamás. O al menos, eso creo.

Con el yoga incluso me había acostumbrado a ser altamente complaciente, a ceder y a preferir por encima de todo la paz. Pero esta vez no lo elegí, todo cayó así, de repente.

Por parte de la salud de mi papá no tengo una sola queja. Aunque el 9 de diciembre de 2017 tuvo un muy serio infarto cerebral, a mí solo me caben agradecimientos de tenerlo vivo, caminando y encima, trabajado. No puedo mirar con ojos de pesar su cojera, ni su hablar arrastrado, ni su temperamento iracible. Cada día que pasa, por el contrario, soy feliz de saberlo cerca, disfrutando de sus nietos, proponiendo viajes y planeando el futuro. Si bien lo dije el año pasado, lo repito sin miedo: mi papá se ganó la lotería.

Pero ese mismo suceso, como todas las crisis familiares, destapó un problema subyacente, en el que todos se hacían los bobos y hablaban a las espaldas, una guerra fría que nos venía distanciando sin que ninguno se atreviera a ponerlo sobre la mesa. Entonces yo, días después, cargada de emociones, de miedos y sobre todo, hastiada de tanta falsedad, y desesperada por encontrar apoyo en medio de lo que creímos, eran los últimos días de mi papá, envié una carta que fue el florero de Llorente y me hizo merecedora del premio de “culpable”, por una inundación que jamás causaría un florero quebrado. No señor, ese río hace rato venía desbordando. Pero eso apenas lo aprendí hace poco.

Mientras lo aprendía, conocí el miedo más grande del ser humano, un miedo que encalambra las entrañas y hace temblar los pies. Un miedo tan arraigado e instintivo, que no supe cómo manejarlo. Gracias a mi carta, a la inundación provocada y al desastre posterior, pude entender el miedo de perder la tribu, el pavor de sacudir las raíces donde te creías a salvo y peor que todo eso la dolorosa certeza de estarme convirtiendo en un personaje inconveniente en mi adorada familia paterna. Y eso no me combinaba con mi yoga, con mi ser pacífico, con mi tonto deseo de agradar. No me combinaba con el amor inmenso que le había tenido a mi familia completa ni a lo que creía haber sembrado en ellos hasta el momento.

Y toqué las puertas, y pedí disculpas, pero ninguna de las dos oportunidades se me dio. Y yo no estaba ni siquiera arrepentida, pero nuevamente prefería la paz que se me estaba yendo de la vida , aunque quedara crucificada mi verdad en la garganta. Hice todo lo que pude y creí conveniente, y la respuesta siempre fue NO.

Y un día me acordé que yo había pedido aprender y avanzar y lo tomé como el precio para la purificación de mi alma. Quise creer que era un aprendizaje. Opté verlo como algo que igual tenía que vivir. Abracé a mis hijos más fuerte que nunca, queriendo robarme un poco de su paz e inocencia para mí, pero tengo que decir que ni una sola estrategia le regaló paz a mi vida. Y entonces saqué el podcast y en cada tema que hablaba, hablaba un poco de mí y de la necesidad de exorcizar este cuento. También escribí para mí y para el que quisiera leer y sanarse desde mi experiencia. Y al menos, dije, que de todo esto salga algo bueno, porque ya sé que la solución que yo estaba esperando, se me estaba demorando y no iba a llegar de la manera como la pedía.

Muy adelante en octubre pude por fin sacar tiempo para una cita en constelaciones familiares, regalarme 5 horas, contar la historia sin miedo a ser juzgada y llorar. En esa hermosura de terapia aprendí a soltar el papel de Mujer Maravilla y el deseo de arreglarlo todo para entender una vez más, que la vida tiene sus ritmos y que no siempre el mío es el adecuado. En este proceso aprendí también que en todas las familias del mundo hay un personaje inconveniente y que ser comunicadora, en una familia donde nadie habla, me hizo ser la candidata perfecta. Aprendí a perdonar sin que me pidieran perdón, solo por mi propia paz y sobre todo confirmé que convertir en servicio, el dolor propio, es la mejor manera para aliviar los dolores del alma.

Aún estoy lejos de sanarme por completo, pero al menos ya entendí con tranquilidad que las cosas no necesariamente volverán a ser como antes y que eso está bien. También he entendido que todo está en constante movimiento y que lo que está pasando hoy, viene tejiéndose desde hace muchos días. Ya sé que lo que hoy sucede es tan solo el producto final de muchos hilos que se han tejido interna y colectivamente en el tiempo.

Así que aquí estoy. Imperfecta. Falible y sobre todo altamente inconveniente. Sabiendo que también este es un disfraz provisional que me prestaron para entrar en la obra más compleja que he enfrentado hasta ahora. Agradeciendo a la vida que me confió este papel, aunque aún no pueda entender muy bien cuándo presenté el casting.

Los invito a que disfruten de la sabiduría de la terapia de constelaciones a través de Luz Marina Bravo, haciendo click en el siguiente enlace:

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Tu peor enemigo

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El 3 de noviembre serán 20 años del día en el que el primo mayor de mi familia paterna, se suicidó. Yo tenía 14 años y aunque era madura para mi edad, no entendí lo que eso significaba en toda su extensión. Tampoco me participaron de las conversaciones familiares de adultos y solo pude percibir de cerca el dolor de sus papás y hermana, vivido de la manera más digna del mundo.

No sé si es solo de allí, pero definitivamente si influyó demasiado en mi obsesión por buscar la felicidad, la vida interior, el equilibrio.
Hoy me parece impensable que una vida pueda perderse de esta manera sin que los demás podamos ayudar. También sé que la tristeza se mete por la puerta trasera y se instala en la vida de mucha gente, haciéndolos ver todo negro. Sé que la depresión y las enfermedades mentales no son un tema fácil. Les comparto este episodio con mucho cariño, desde unos ojos y un corazón que han visto, sentido y vivido muchas cosas cercanas a este tema. Para que ustedes, su familia o sus amigos sepan que ese túnel oscuro SIEMPRE tiene una salida.
En este link puedes oír el episodio completo:

Media vida para aprender… y la otra mitad para olvidar lo aprendido.

El episodio de hoy es una invitación a reconciliarnos con nuestro niño interior y a mirar a los ojos sin miedo a los niños que tenemos al frente. Yo sé. Lo he vivido. Los niños pequeños nos confrontan con su sinceridad, su transparencia y su mal llamada “imprudencia”. Nos recuerdan todo lo que alguna vez fuimos y olvidamos seguir siendo, para dar protagonismo al “deber ser” a tantas reglas de la sociedad que entierran nuestra esencia donde difícilmente la podremos volver a encontrar.

Pasamos media llenándonos de miedo en nombre de la prevención y los peligros del mundo, en nombre del afán por pertenecer, y sobresalir en una sociedad absolutamente plagada de máscaras, pero un buen día, alguien nos dice que es hora de “desaprender”, de soltar, de ser “nosotros mismo,  de “volver a la esencia” y eso resuena con nosotros, porque muy dentro sabemos que tenemos un niño ilusionado con simplemente SER.

Les comparto mis ideas de todo esto en el próximo enlace. Espero que lo disfruten.

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¡Usted no sabe quién soy yo, pero yo sí! (Cómo sobrevivir al autosabotaje)

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En el podcast de hoy les comparto toda la historia del yoga en mi vida. Y aprovecho mi camino, el único que conozco, para hablar de la importancia de conocer nuestros talentos y fortalezas para trazar un plan, pero también hablo de aprender a confiar y entregarnos a las oportunidades que nos regala la vida, aunque aparentemente se salgan del plan original.

Yo, que pensé que me estaba alejando de mi amor por escribir al convertirme en profesora de yoga, no tenía ni idea de que era eso precisamente lo que me regalaría la inspiración y la paz necesarias para reencontrarme con la literatura.
Recuerda que el más duro crítico, el saboteador #1 de cualquier oportunidad de avance, eres tú mismo, con tus miedos, dudas e inseguridades.
Espero que este episodio pueda regalarte claridad si estás en un momento de incertidumbre o zozobra.

Encuentra el episodio completo haciendo click en el siguiente enlace:

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