Pedir disculpas por ser quien soy

Acerca del acento lastimero, la envidia y las malas energías.

Nuestro lugar presente solo tiene que ver con aquel camino que hemos recorrido. El nivel de claridad que hemos alcanzado, también. Cada persona hace lo mejor que puede con la información que tiene. Por eso es tan injusto e ingrato juzgar el camino de los demás, y aún más inútil sentirnos tristes por lo que los demás puedan opinar de nuestro propio camino.

El que hoy otra persona esté en el lugar en el que tu quisieras estar, tampoco agota los cupos del éxito. Tu también puedes estar ahí, y seguro lo estarás en su debido tiempo. Mientras tanto, enfoca tu energía en inspirarte en quienes admiras, no en sentir envidia. La mala energía es veneno para el alma. Entrenarse para alegrarse por las victorias de los demás, sin importar en qué punto del proceso estemos nosotros, también es importante y sobre todo, liberador.

Dicho sea todo esto, todos somos humanos en formación y saber que tenemos emociones nocivas, no nos hace malos, sino que nos confirma todo lo que nos falta por aprender. En mi capítulo de hoy de Abierta Mente, “Pedir disculpas por ser quien soy”, los invito a poner este tema sobre la mesa. Procesar estos temas de manera consciente, nos ayuda a liberarlos y con el tiempo, a resolverlos. Es un tema que siempre me ha inquietado y que me compartió alguien en un mensaje, contándome que le estaba trayendo mucho sufrimiento a su vida e impidiéndole disfrutar.

Ojalá podamos todos aprender a juzgar menos, a aceptar más.

Por aquí va el botón del audio completo del Podcast para este 1 de septiembre.

Y por aquí les dejo también una lectura espectacular que me compartieron en estos días!

Namaste

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ANALOGÍA TRIBU

Por: Juan Esteban Gómez.

Para establecer esta analogía, supongamos que estoy con una persona que no logra comprender la forma de actuar de otra ante un evento fortuito, como por ejemplo, la muerte de un hijo.

Esta persona tiene un hermano al cual recientemente se le murió su hijo, y este hermano ha reaccionado de una manera diferente a la mayoría de las personas. Lo ha tomado con gran calma, con gran paz, pareciera como si el amor por ese hijo no fuera lo suficientemente grande para que le generara esa reacción.

Por lo tanto, esta persona está desconcertada por esta forma de actuar, llegando al punto de sentir rabia, o de buscar medios para justificar esa reacción, tales como decir que seguro ese hijo ocasionaba muchos problemas, entonces fue una solución su muerte.

Entonces decido comenzar la analogía de la siguiente forma:

Supongamos que tu estas en la selva, y te encuentras en medio de una tribu que la conforman unos mil indios.

Esos indios nunca han tenido contacto con el mundo civilizado. Tienen sus propias costumbres y creencias.

Luego de convivir con ellos varios días, te das cuenta que realmente son muy diferentes a nosotros en muchos aspectos, pero que en otros, son muy similares, inclusive, mucho mejores en convivencia, colaboración, etc.

Pero ese día pasa un evento, que para ti es normal pero que para ellos era especial. Comenzó una tormenta muy fuerte cerca de la tribu, y todos comenzaron a estar muy nerviosos. Tú no entendías la razón de tanta inquietud.

De pronto comienza a tronar, y más nerviosos y ansiosos se ponen todos los indios. Comienzan a hablar entre ellos y deciden dirigirse a donde se encuentra el brujo, todos se inclinan ante él y le piden que pare esa tormenta.

En ese momento, se ve desde la tribu un rayo muy fuerte que cae en la cima de una montaña que está cerca. Todos se quedan por un momento quietos, silencio total, y al cabo de unos minutos, todos explotan, comienzan a llorar, a suplicarle al brujo que pare ese evento, que ellos son conscientes que se han equivocado, pero que lo remediarán.

Y en medio de toda esta situación estas tu, sin entender esta forma de actuar, y a la vez, están ellos viendo como tu estas pasivo ante este evento.

¿Por qué estas tu tan tranquilo?
“Porque yo sé que no está pasando nada raro, que solo es un evento natural.” ¿Y porque tu “sabes” eso?

“Porque lo aprendí en el colegio, y lo he visto en televisión, y personalmente. Simplemente es una condensación de energía en las nubes, que termina por generar un rayo que busca la tierra como descarga.”

Entonces estas convencido de que es un evento natural, y no la acción de un Dios que por una venganza está mandando un castigo.

“Totalmente convencido.”
¿Tu “sabes” que es así, o “crees” que es así?
“Se que es así.”
¿Por qué?
“Porque se ha demostrado, inclusive en laboratorios, realizando rayos artificiales.” O sea que “sabes” es porque está comprobado, ¿correcto?
“Así es.”
¿Entonces cual es la diferencia entre “saber” y “creer”?
“No sé.”

Es muy sencilla, “saber” es tener información que ha sido verificada, y que por medio de esa información verificada puedo obtener una resultado satisfactorio de una forma voluntaria, además, repetible cuantas veces lo desee. “Creer” es tener información sin verificar, por eso requiere tener “Fe”. Por medio de una creencia no puedes obtener un resultado satisfactorio de una forma voluntaria, y si por alguna razón logras el resultado satisfactorio, no sabes cómo volverlo a lograr con toda seguridad. En este principio se han basado todos los descubrimientos de la humanidad, realizando prueba y error de ciertos eventos, hasta lograr un resultado repetible. Entonces cuando una información puede ser verificada como una verdad, y además, repetible cuantas veces lo desees para obtener un resultado satisfactorio, también se le puede denominar “sabiduría”. Por lo tanto, sabiduría no es conocimiento, es una habilidad que se logra con práctica.

¿Volviendo a nuestra analogía, cual es la diferencia entre los indios y tú? “Que ellos no saben lo que yo sé.”

En otras palabras que están manejando información diferente cada uno. Que con esa información establecen una forma de comportamiento.

La tuya está basada en información comprobada, lo que te genera tranquilidad, porque comprendes lo que está pasando. La de ellos está basada en creencias, lo que trae angustia, sufrimiento, pues no hay comprensión de la situación. ¿Estas de acuerdo?

“Totalmente.”

Entonces lo que nosotros pensemos rige nuestra forma de actuar. Mira que el evento es uno solo, cayó un rayo, pero existen dos percepciones totalmente diferentes de esa realidad. La tuya, que es tranquilidad, comprensión, y la de ellos, que es miedo, terror, sufrimiento.

Supongamos que tú te llevas un indio para la ciudad, lo educas en un colegio, luego universidad, y termina siendo un excelente físico, y regresas con el después de muchos años a la tribu.

Y de nuevo sucede el evento. Otra tormenta, otro rayo en la montaña cercana. Todos salen corriendo, ¿menos quienes?

“El indio que fue a la ciudad conmigo y yo.”
¿Por qué?
“Lógico, el ya tiene la información que yo tengo.”

Extraño, la realidad no cambió, pues cayó un rayo, pero años atrás, ese indio lloró, suplicó, sufrió, y hoy mira a sus compañeros impresionado por su forma de actuar. Que cambió, ¿el evento del rayo?, ¿o la información que él tenía?

“Lógico, fue su información lo que lo llevo a actuar de una forma diferente.”

Concluyendo, la realidad es neutra, somos nosotros los que la clasificamos de “buena” o “mala” de acuerdo a nuestras “creencias” o “conocimientos”, determinando la forma de actuar ante la vida. Con eso queda demostrado, que el cambio no se realiza afuera para cambiar nuestra realidad. El indio preparado no tuvo que ir a impedir el rayo para evitar un sufrimiento, realizó un cambio interno de comprensión para eliminar el sufrimiento. El cambio no fue afuera, fue adentro.

Ahora trabajemos sobre el tema del “bien” y del “mal”. Sigamos suponiendo, pensemos que los indios ante esa situación, piensan que la solución es realizar un sacrificio a ese Dios, para evitar los rayos. Y tienen la creencia, de que si sacrifican al niño más pequeño de todos calman a su Dios y evitan que toda la tribu desaparezca.

Tu estas ahí viendo eso, ¿permitirías esa situación?

“Nunca, pues cometerían un asesinato, menos contra un niño.”

¿Pero si ellos ven en eso la solución a su problema?

“¡Pero si no hay ningún problema, es solo un rayo!”

Pero para ellos no es un rayo, es una amenaza total contra todos, pues tienen a un Dios todo poderoso furioso con ellos.

“Pero están equivocados, están actuando mal.”

Perfecto, sigamos con nuestro ejemplo. Supongamos que tú tienes un arma, y ellos insisten en seguir adelante con su sacrificio, inclusive, ves que lo están disfrutando, pues ven que se van a solucionar todos sus problemas. ¿Tu qué haces?

“Si me toca utilizar el arma, lo haría, para salvar a ese niño de esos locos.”

¿Pero si ellos están convencidos de lo que están haciendo?

“Pero están equivocados.”

O sea que ellos están equivocados y tú tienes la razón. Esa “razón” justifica que tu puedes utilizar el arma para salvar al niño.

“Claro, para salvar esa vida.”

Si tú utilizas el arma, y terminas matando a cinco indios para salvar al niño, mientras que los otros salen corriendo del susto, ¿te sentirías bien?

“Logre salvar la vida del niño.”
¡Pero acabaste con la vida de cinco personas, eso es más que una! “Pero eran unos asesinos”
Ok, ellos eran “malos” y tú “bueno”.
“En este caso tengo que decir que si.”

Miremos la situación de “ellos”. Si durante muchas generaciones se han transmitido la creencia de que están dominados por un Dios fuerte, que requiere obediencia, sacrificios, y que ha cambio de ellos, les permite llevar una vida en este planeta. De que cada cierto tiempo, ese Dios, a pesar de su obediencia, se enfurece y manda rayos como muestra de su poder, y que para calmarlo, tienen que realizar un sacrificio extremo, matando al menor de la tribu en muestra de amor. Inclusive, que los papas de ese niño, consideran que es un honor realizarlo, pues su familia podrá disfrutar del respeto por siempre, pues por medio de ellos se logró la continuidad de su especie. Recuerda que estamos hablando de una tribu que no conoce el mundo, piensan que son los únicos seres humanos.

¿Aun así piensas que están haciendo algo “malo”? “Bueno…pues no, pero matar a un niño no puede ser “bueno””

Para ellos sí, y no olvides que tú actúas según la información que tienes, eso te lo demostré anteriormente.

“Ok, comienza a tener lógica.”

De ahí se desprende una frase de sabios que dice “Cada quien hace lo mejor que puede con la información que tiene”. ¿Alcanzas a entender el fondo de esta frase?

“Increíble.”

Por esta razón, el no aceptar como actúan los demás, más bien, por no entender, se han ocasionado todas las guerras de la historia. El mundo occidental ha utilizado dos palabras como lanza de batalla, “libertad” y “civilización”, y el que no esté con ellos, son “barbaros”. Así ha ocurrido desde Egipto, inclusive hoy, con la información que tenemos, Bush la utilizó en su guerra de Irak, pues iba en defensa de la “libertad”, y es tanto el poder de la información, que uno hasta lo cree cierto.

De ahí puedes comenzar a comprender porque un musulmán decide sacrificarse en una guerra, ¿Sera que es loco? ¿O será que tiene una información diferente a la de nosotros?

“Como los indios, información diferente.”
Cuando entiendes eso, cuando lo comprendes, es casi imposible tener un conflicto. Por lo tanto no existe el “bien” y el “mal”, solamente informaciones diferentes.

O en otras palabras, niveles diferentes de información. Para dar otro ejemplo, imaginemos dos niños pequeños que estén jugando, de pronto, uno de ellos le pega al otro, y luego ese otro le responde, teniendo como consecuencia dos niños llorando.

¿Puedes calificar de “malos” a esos niños?

“Nunca”.

Pero tú nunca actuarias así, ¿Por qué?

“Porque yo sé que no es la forma correcta, pues en la medida que yo agredo a alguien, ese alguien terminara agrediéndome, entonces obtendré un resultado malo.”

¿Pero entonces porque el niño actúa así?

“Porque no sabe, está aprendiendo.”

Correcto, en otras palabras él no tiene una información que tú ya tienes y que la has verificado, esa es la diferencia entre el niño y tú, solo información verificada. Por eso cuando veas a personas que actúan de una forma que para ti no es normal, simplemente están en un nivel inferior o superior a ti en información.

Para terminar e ir llegando al sentido de la analogía, que es tu no comprensión de la forma como tu hermano ha enfrentado la muerte de su hijo.

Volviendo al principio de la historia, ahora tu eres un indio de la tribu, no eres la persona civilizada. Y pasa el evento del rayo en la montaña. Por la información que tienes, reaccionas con temor, miedo, sufrimiento, pues está en riesgo tu vida y la de toda la tribu, pero al lado tuyo esta ese señor extraño, que sigue tranquilo como si nada pasara, ¿Qué pensarías?

“Ya se para dónde vas” ¿Qué pensarías?

“Que es un loco, como no está asustado ante tal situación, que tiene que existir una explicación para tanta tranquilidad, tanta insensibilidad, casi pensar, que no le importa su propia vida ni la de los demás. Es un egoísta.”

Lo mismo que sientes con tu hermano, pues no comprendes su forma de actuar ante la situación de su hijo. Sera que es insensible, loco, o simplemente, ¿Tiene una información que tú no tienes?

¿Quién crees que es el indio? ¿Tu hermano?…. ¿o tu?

¿6 ó 9?

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Elisa es percentil 3 de estatura. Esto quiere decir que si se para al lado de 100 niñas de su edad, sólo 2 serán más bajitas que ella. Esto no sería raro, si su papá y yo no fuéramos altos, pero por nuestra estatura y lo que se supone debería ser su herencia, el médico le mandó una radiografía de las manos.

El hecho es que ayer fuimos a hacerla Tomás, ella y yo. A la salida de la clínica, nos paramos a esperar un taxi en la calle y apareció una señora con un tarro de dulces transparente. Mis hijos obviamente se tiraron en plancha y la señora empezó a explicarme porqué debía comprarle alguno. Yo impulsivamente dije que no. Traté de explicarles a mis hijos que ya habíamos tomado el algo, que debía guardar la plata para pagar el taxi de regreso, que encima de eso ya me tocaba ir a pagar un platal por la batería del carro y que por si fuera poco ya en la radiografía le habían regalado colombina a cada uno. Pero ellos insistían y la señora insistía, hasta que yo dije simplemente NO. Entonces la señora sacó una gomita del tarro y se la regaló a Tomás. Sonrió y desapareció. Mi hijo estaba feliz y estaba intentando abrirla, por lo que me tuve que agachar y mirarlo a los ojos para hablarle bajito sin que nadie nos oyera:

  • Tú te acuerdas de la bruja de Blanca Nieves?- le pregunté.
  • Si, mamá.
  • ¿Te acuerdas que le regaló una manzana a Blanca Nieves?
  • Mmm
  • ¿Me puedes contar qué le pasó a Blanca Nieves cuando se comió esa manzana?
  • Se desmayó- respondió Tomás.

Entonces aproveché para repetirle una vez más que JAMÁS deberían recibirle NADA  ningún desconocido y menos en la calle y menos que menos llevárselo a la boca.

  • ¿Entonces ella es una bruja mami?
  • No mi amor, no sé si es una bruja, pero yo no la conozco y no sé porqué te regaló un dulce si yo ya había dicho que no.

Para ese entonces, Tomás ya me había entregado la gomita voluntariamente para que yo la botara y yo estaba contenta de haber tenido la oportunidad de enseñarle con un buen ejemplo, al frente de mis ojos, la frase que creo haber oído más de mis papás: “nunca recibas nada de personas extrañas.”

Pero entonces el resto del día me quedé pensando en si había hecho bien o mal y trataba de justificarme pensando que ni en Finlandia una mamá permitiría a su hijo comer esa gomita, ahora ni qué pensarlo en Medellín. Pero al mismo tiempo recordé una conversación que tuvimos Tomás y yo hace un par de semanas. Mi hijo mayor, a sus 4 años, es un pequeño filósofo existencialista, que todo lo analiza, que todo lo piensa, que todo lo pregunta. El niño que jamás se contentará con un SI o un NO si no trae una explicación que él sienta suficiente.

  • Mami: ¿la gente mala existe?
  • Claro que existe mi amor… No mentiras no existe. Todos son buenos pero a veces hacen cosas malas. Mmmmm… Bueno no, si hay algunos malos, pero depronto quieren ser buenos sino que no son capaces.

Yo le salí con la explicación más incoherente del mundo y no sé sinceramente esa vez porqué me la aceptó, pero fue a mí a la que me dejó confundida, porque llevo mucho tiempo luchando con mi propia porción de maldad y queriendo ser lo más buena posible y sé muy bien, que si para nosotros la de ayer era la bruja de Blanca Nieves, para ella, yo soy la madrastra odiosa y amargada que no le compra un dulce de menos de mil pesos a su hijo.

Hace mucho tiempo sé y pienso que la maldad es un concepto relativo dependiendo de quién cuente la historia y sobre todo del lugar donde estaba parado el testigo cuando ocurrieron los hechos.

Y yo le quiero enseñar a mis hijos que la vida no es blanca o negra, que es más que todo gris y que la mayoría de las cosas que nos pasen en la vida no van a ser sencillamente calificadas como buenas o malas, positivas o negativas. También quiero enseñarles a que confíen en la gente, pero no ciegamente. Yo quiero que ellos sepan que generalizar es muy cómodo y las reglas generales nos facilitan la vida. Que sería más fácil hacerles entender que “todos los desconocidos son potencialmente malos”, pero también es mi deber que ellos aprendan a usar su intuición, su observación y su discernimiento.

Y finalmente quedé pensando quién es esa persona a la que llamamos mala y quién la que llamamos buena, solo por dar una definición con la que pueda inspirarlos a buscar su propio lado amoroso, “bondadoso”.

Y entonces me salió la siguiente conclusión

LA GENTE actúa MAL cuando vive principalmente por sí misma. Por su felicidad. Por su bienestar, por su salvación… y poco le importan los otros.

LA GENTE actúa BIEN, cuando cuida de sí misma, pero piensa en los demás: en su felicidad, en su bienestar, en su salvación… Le importan mucho los otros.

Y cada día de la vida podemos decidir si queremos ser del grupo 1 o del grupo 2, deseando que los días en los que actuemos como “malos” o “egoístas”, no nos cojan en un mal momento y nos marquen para siempre. Que siempre tengamos la oportunidad para resarcirnos, corregirnos y evolucionar.

Esta manía de querer calificarlo todo, alguien nos la tiene que quitar. Yo solo pido poder educar a mis hijos con una mente más amplia que aquella con la que crecí yo, donde la señora de los dulces siempre sería la mala y nosotros las víctimas que nos salvamos de sus oscuras intenciones.

Creo que esa visión no le ayuda a nadie.

Y a mí me interesa que ellos crezcan pensando que este mundo es un lugar esencialmente bueno, con algunas “excepciones”.

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Sanar el cuerpo para sanar el alma

En septiembre de 2010 un tremendo tumor en la cabeza se llevó a uno de mis tíos más amados tan solo 15 días después del diagnóstico. En ese entonces me obsesioné con la salud y leía muchos libros de nutrición, desinotoxicación y alimentación como terapia para sanar enfermedades graves. Ese mismo año, descubrí que tenía tiroiditis de Hashimoto, una enfermedad autoinmune cada vez más común en el mundo, en la que el propio cuerpo crea anticuperos que atacan la toroides hasta destruirla. Una condición que heredé de mi mamá y una larga fila de otras enfermedades autoinmunes en mi familia, me confirmaron mi deseo de seguir aprendiendo. Inlcuso tuve ganas de meterme a estudiar medicina “después de vieja”, pero embarcarme en ese mundo hubiera sido un cambio de rumbo total para mí.

Muy pronto me di cuenta que la sanación dependía de muchas otras cosas, y que desde mi propio trabajo en el mundo del yoga, podía sanar el cuerpo y el alma mía y de muchas personas más.

Desde ese entonces me dedico a hacerlo, con la felicidad de descubrir que cada día hay más herramientas para apoyar procesos integrales en los que el cuerpo se convierte en un vehículo óptimo para transportar el alma a través de la vida.

En el tercer episodio de Abierta Mente les comparto la importancia que tiene para mí sanar primero el cuerpo, para poder sanar el alma.

¡Espero que lo disfruten!

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Acerca de la buena suerte

“Porque hasta para ganarse la lotería, hay que salir a comprarla.”

La buena suerte se me parece a la disciplina y a las ganas de hacer las cosas. Se me parece a la actitud y a la lucha constante para combatir la pereza. La buena suerte nunca llega a tocar la puerta de la casa de quien no ha salido por lo menos a buscarla.

En mi recorrido hacia el mundo del Podcasting, me acompañó todo menos la comúnmente conocida “buena suerte”. Me pasó de todo, tuve cien mil obstáculos y cuando pensé que iba a ser mejor rendirme, quise interpretarlo como “el destino”, y empecé a pensar que “si las cosas no fluían era porque no me convenía”. Todas disculpas infantiles para no seguir luchando. Disculpas porque al fin y al cabo entrar en un nuevo mundo, tiene un grado de dificultad. Y si yo no estaba dispuesta a pasar esos obstáculos, bien podía irme olvidando también de mi sueño. Pero no fue así, y felizmente tuve un ángel cerca que me recordó que probablemente todo lo que estaba pasando no eran sino pruebas para preguntarme qué tantas ganas tenía de iniciar este camino, y qué tanto esfuerzo estaba dispuesta a invertir para lograrlo.

En el segundo capítulo de Abierta Mente les comparto un cuento hermoso acerca de la “mala” y la “buena” suerte y todos esos obstáculos que pasé para poder llegar a grabar mi primer programa.

¡Qué lo disfruten mucho!

… “Y que la buena suerte los acompañe” 🙂

En el siguiente link, puedes oír el capítulo completo:

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Nuevos Comienzos

Les presento con un orgullo infinito, mi nuevo proyecto. Es un regalo de mi parte con tanto amor que podrán sentirlo. Me preparé en un curso exprés de tecnología, que me quitó muchas horas de sueño y me hizo brotar la cara como en mis peores días de adolescencia. Se me metió entre ceja y ceja que lanzaría hoy 1 DE AGOSTO mi Podcast y apenas ayer recibí la aceptación por parte de iTunes. Fue una felicidad semejante a la de recibir un diploma. Sé que hacer parte del mundo de las comunicaciones es un privilegio y estoy lista para aprovecharlo!

Para este primer episodio, les presento “Nuevos Comienzos”. Acerca de cómo empezar en este mundo de la espiritualidad, la autoyuda y el crecimiento personal. He sentido a través de Yoga al Alma, que hay muchas personas llenas de ganas de vivir un cambio, pero que no encuentran la motivación o las herramientas para hacerlo.

El episodio no es perfecto, tiene errores que quise corregir, mi juez interno es implacable y lo quiso grabar mil veces. Pero ya entendí que lo más importante es lanzarme, coger experiencia, oír y leer su retroalimentación. Y mi micrófono y yo estamos absolutamente listos para grabar muchos capítulos más llenos de contenido, entrevistas y respuestas para ustedes.

Así como la página de Instagram son vivencias diarias, y esta página web es profundización e intimidad, quiero que el podcast sean casi talleres virtuales: conversaciones íntimas y herramientas prácticas para la vida.

Por lo pronto yo estoy enamorada de mi micrófono. Estoy feliz de pasar ese tiempo encerrada en el vestier en busca de un espacio hermético y silencioso. Me gusta imaginarlos del otro lado y me fascina reencontrarme con mi carrera de comunicadora.

Con este nuevo proyecto celebro mi aniversario número 11 como profesora de yoga. el 1 de agosto de 2007 emprendí el mejor camino de mi vida porque gracias a él, hoy soy mejor mujer, mejor esposa, hija y mamá. Cada logro en mi vida personal, es un aliciente para levantarme cada día a desempeñar todos los roles que he decidido ser. Siempre seré una convencida de que este mundo necesita más gente feliz y realizada: tan llena de sí misma que no necesite “robar” nada de los demás.

Sin más rodeos, aquí los dejo con Abierta Mente: Conversaciones con Yoga Al Alma. Que lo disfruten tanto como yo.

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¡NAMASTE!

No hemos salido de ningún conflicto. La guerra la llevamos por dentro.

Japón había metido gol. Eran las 7:04 AM y toda Colombia estaba helada y desconcertada porque además ya éramos solo 10 en el equipo. En la W, Alberto Casas Santamaría, pedía “un lamparazo”. “Muy temprano y en horas y espacios laborales”. Sin embargo no lo juzgué raro: estamos acostumbrados a que en su emisora constantemente se pida un “lamparazo” y hasta se acompañe con el audio de dos hielos cayendo ruidosamente en la copa. No lo juzgué raro a pesar de que en esta casa el trago se envejece en la alacena sin ser consumido.

Dos horas después estábamos convertidos en parias de la sociedad. Si yo con las bases espirituales que tengo, he estado a punto de romperme por dentro, no me quiero imaginar lo que sentiría un adolescente, o alguien con una lucha interna de esas bien tenaces que a todos nos pasan a veces en la vida. Empecé a repetirme sin convicción como un mantra “sé muy bien quiénes somos. Lo que digan de nosotros no nos puede dañar”. Me paré en el ojo del huracán a esperar que todo terminara y la serenidad llegara a ayudarme a pensar otra vez con claridad.

Este nuevo condicionamiento me cayó, por fortuna, en una de las épocas más estables y bonitas de mi vida. Pero si alguien, a sus 16 años o en medio de una depresión hubiera decidido que no valía la pena vivir más, seguramente al día siguiente el tema del día hubiera sido: “no era para tanto”.

El mundo puede quitarle todo a un ser humano, a no ser de que tenga absoluta claridad de quién es por dentro.

No comulgo con esta práctica despiadada y frecuente de lanzar a una persona con su cara y su biografía a una jauría sedienta de odio. Y luego avivar la hoguera con la irresponsabilidad de los líderes de opinión de este país, enardecidos dando cátedra de moral desde bocas y dedos que han cometido errores semejantes. Nuestra sociedad goza con el payaso de turno. Lo destruye y le quita su honra, su valía y su oportunidad de resarcirse, cuando en el momento más desafortunado de su vida, fue grabado por compatriotas “NO POR AMIGOS”, que en medio de una tribuna y el calor colectivo, se abrazaban como conocidos de siempre y decidían que era gracioso compartirlo. Y lo compartieron con un país que estaba furioso por un partido que Colombia perdía. Y lo multiplicaron algunos por considerarlo gracioso también. Más tarde todos lo enviaban con su propio comentario editorial, para aprovechar al “nuevo Don José” y purgar en él un poco de su rabia. Desde el estadio de Saransk también compartieron otros vídeos. En uno de ellos, Colombia metía un golazo, histórico, el primero en un mundial de ser de tiro directo y pasar por debajo de la barrera, un vídeo en el que se veía como temblaba la tribuna con la furia de abrazos entre desconocidos de camiseta amarilla. A mí se me pararon los pelos al verlo. Sin embargo este vídeo no mereció ser difundido.

Cuando habían pasado 24 horas, ya Caracol estaba contando un poco más de sus vidas. Había descubierto en un “extenuante trabajo periodístico”, sus colegios, trabajos, profesiones y membresías. Algunos perdían su trabajo y el circo romano estaba un poco más contento al ver a su presa de rodillas.

Y entonces empieza el miedo. Siente que le respiran encima y que lo único que falta es que venga el tribunal de la inquisición a tocar la puerta de la casa.  ¿Y si aparecen las caras de nosotros y nuestros hijos? ¿Será un buen día para salir a mercar? ¿Mañana tendrán trabajo?

Recuerdo hace muchos años en el colegio, un par de niñas que iban al menos 6 años más adelante. Las pararon en medio del auditorio a contar a todo el bachillerato cómo habían robado una camiseta verde durante un viaje de intercambio en Kansas. Debían repetir porqué habían cometido su error y porqué invitaban a no hacerlo. Crecí sin saber sus nombres. Solo hablábamos de “las que robaron en Kansas”. Y más tarde cuando las conocí socialmente, y tuve la oportunidad de saber quiénes eran realmente, y deseé no haberlas conocido antes por su peor momento, sino por lo que realmente eran.

Afortunadas ellas que vivieron su peor día, en una época en la que todavía era posible equivocarse sin ser linchado socialmente. Acabado. Escupido y pisoteado.

Espero que mis hijos estén aún a tiempo de tener su adolescencia en medio de un ambiente donde los errores se paguen de una manera justa y se regale la oportunidad de demostrar que somos mucho más que todos esos momentos patéticos. De esos errores gigantes y vergonzosos. De esas metidas de pata tremendas. De esos descentramientos colectivos. De las estupideces que hacemos cuando estamos entre amigos y volvemos a tener 15 años. Que podemos resarcirnos con altura y sin miedo por nuestra propia vida. No vaya a ser que un loco sediento de despojarse de su ira interna, decida acabarnos con la nueva arma de destrucción masiva.

Lo que más temo hoy en la vida es a las redes sociales y a quienes teclean tras ellas sin pensar, acabando con tanta gente.

Mis libros más recordados, una lista de todos aquellos que me han hecho feliz.

 

IMG_6446.jpgHace mucho tiempo que no leía un libro que me trasnochara. Algunos de los que leí en el último año son hermosos e interesantísimos, pero tan intelectualmente densos que no soportan mi muy poca energía nocturna de mamá de dos casi-bebés. Por eso volver al ruedo de la novela histórica con SEMEJANTES LIBROS, ha sido la motivación para hacer una lista, de estas que tanto amo y disfruto hacer. Quiero que esos libros que me han producido tantas emociones en mi vida, puedan llegar a hacer feliz y conmover a alguien más. Bueno…. algunos logran mucho más que eso… como los que estoy terminando ahora… y por eso, voy a empezar por ahí:

1. LO QUE DICEN TUS OJOS, seguido inmediatamente de CABALLO DE FUEGO PARÍS, CONGO Y GAZA. Bueno les digo, estos libros son más dulces que lecherita con arequipe, y podrían escandalizar a más de una (lo del género es a propósito, no creo que un hombre soporte leerlos, además que podrían afectar ampliamente su autoestima), pero por la misma razón tienen el poder de calentar hasta la relación más destemplada. Altamente recomendados para aquellos meses helados que siguen la llegada de la maternidad. (Risas… y como dicen ahora en redes, me retiro lentamente de este tema). Mientras suspiras por la relación que jamás llegará a existir en la vida real, aprenderás del conflicto árabe y palestino, y de la guerra de etnias en el Congo. He adorado estos libros, que no se consiguen en papel, al menos en Colombia, pero que he devorado en la pantalla del celular mientras manejo, espero citas, hago filas y antes de caer en un muy feliz sueño profundo. Autora argentina: Florencia Bonelli, a quien planeo seguir stalkiando en busca de títulos perfectos para unas vacaciones entretenidas.

2. Oriente es mi obsesión desde hace años y sé que muchos la comparten. Tal vez porque conocer, así sea a través de las páginas, una historia y una cultura que nos son tan ajenas, tiene el poder de transportarnos, erizarnos la piel, abrirnos el apetito y expandirnos las fronteras. Como todo lo que es moda, muchos de los libros basados en oriente han casi caído en el cliché, pero de todos los que he leído, recomiendo a CISNES SALVAJES (Jung Chang) por mostrar de manera autobiográfica la más dura realidad de la dictadura china, con tal finura en las palabras, que no puede pararlo de leer. También adoro y recuerdo con felicidad los libros de Javier Moro, EL SARI ROJO y PASIÓN INDIA. De Kenizé Mourad, UN JARDÍN EN BADALPUR y DE PARTE DE LA PRINCESA MUERTA, y de la misma línea, COMETAS EN EL CIELO de Khaled Hosseini. Y aunque hace más de diez años me leí LAS VÍRGENES DEL PARAÍSO de Barbara Wood, pero aún lo recuerdo al igual que EL AMULETO.

3. De paseo en India, quise comprar un libro de una autora local, y terminé con EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS, de Arundhati Roy, entre mi maleta. Adoré su cadencia, los detalles en su relato, y sentirlo tan genuinamente indio. Un libro distinto que ni siquiera sé si llegó a occidente, pero que vale la pena buscar, así sea en formato digital.

4. De las manos de una prima recibí uno de los regalos más bonitos que me ha regalado la literatura. UNA VOZ ESCONDIDA de la autora iraní Parinoush Saniee, me estremeció, me marcó, y me obligó a repensarme como mamá. Sinceramente es el libro que debería leer cada mamá de este mundo mucho antes de que sus hijos hablen por primera vez.

5. De los autores más reconocidos en el mundo de las letras y guiada por mi lado intelectual, leí UN HOMBRE y NADA Y ASÍ SEA, quedando enamorada de la narración de Oriana Fallaci. Hasta hubiera puesto a una hija Oriana, si mi marido me hubiera dejado. Las descripciones que esta mujer hace de la guerra de Vietnam, casi me arrancan lágrimas. De Mario Vargas Llosa, devoré LA FIESTA DEL CHIVO, sobre el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Fascinante y estremecedor. De Dostoyevski, CRIMEN Y CASTIGO, de Kafka EL PROCESO y de Milán Kundera, LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER, así las reinas de belleza hayan cogido este último de parche, fue mi libro favorito por mucho tiempo.

6. Siendo aún muy chiquita, leí libros para adultos en los que aprendí de la vida mucho más rápido de lo “aconsejable”. Pero la lectura era mi mundo personal, privado y fantasioso y siempre tuve la libertad de escoger lo que me gustara, así “no fuera apropiado para la edad”. Recuerdo que saqué más de diez veces de la biblioteca del colegio a JAYNE EYRE de Charlote Bronte y lo leí una y otra vez deseando que el final fuera diferente. Yo lo leía sin saber que era un clásico de clásicos, enamorada de su narración, y hoy, más de 20 años después aún recuerdo al señor Rochester y tengo una imagen de Jane esperándolo en la ventana. De esa segunda década de mi vida y de mi autora favorita de ese entonces, Isabel Allende, adoré PAULA, LA CASA DE LOS ESPÍRITUS y RETRATO EN SEPIA. Y los leí casi al tiempo de VENDIDAS (Zana Muhsen) y FLOR DEL DESIERTO (Waris Dirie). Y como ñapa quiero añadir que, sin importar que pasen los años, siempre querré volver a leer LAS BRUJAS de Roald Dahl, quien con su ratonizador de acción retardada me sigue divirtiendo en mis recuerdos.

7. Entre otras libros, que no sabría clasificar, pero cuyo recuerdo aún me inquieta, tengo LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS de Torcuato Lucca di Tena, MI DERRAME DE LUCIDEZ de Jill Bolte Taylor, y cualquiera del japonés Haruki Murakami, siendo de lo más loco que he leído en mi vida, KAFKA EN LA ORILLA y LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE. Tal vez todos los de este párrafo, encontrarían en común la capacidad de irse a estados mentales tan extraños y diferentes, que más allá de poderlos clasificar como “ buenos” o “malos”, uno dice, WOW, esta gente qué estaba pensando cuando escribió esto. Para mi sobre todo los dos primeros fueron un placer absoluto.

8. Me he leído casi todas las series adictivas que han salido en los últimos años, pero todos los de Stieg Larsson, empezando por LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES, son mis predilectos. De esas lecturas cuyo final lo dejan a uno despechado y desparchado, deseando volverlos a leer (o poner a alguien más a leerlos, para poderlos comentar)

9. De autores colombianos me podría trillar hasta el fondo hablando de cuanto amé CIEN AÑOS DE SOLEDAD, pero preferiré recomendar DULCE COMPAÑÍA, LA NOVIA OSCURA y DELIRIO de Laura Restrepo. Sobre todo me fascina su prosa casi no-puntuada, con renglones justificados a lado y lado, en párrafos de hojas completas sin un solo espacio por llenar. Se oyen mentalmente como una cantaletica continua, como la bulla que hacen las viejitas al rezar. De Héctor Abad me gustó EL OLVIDO QUE SEREMOS por su nostalgia sin queja, un homenaje hermoso al amor del papá.

10. Y porque necesito leer para aprende de mí misma, para creer en lo que jamás creería sin la ayuda de alguien más, están todos estos que voy a meter casi a la fuerza en mi categoría yogi, CLEAN, CLEAN GUT, (de Alejandro Jung), THE CHINA STUDY (TC Campbell), SUPERFOODS, FOOD AND MEDICINE OF THE FUTURE (David Wolfe) de nutrición desde un enfoque muy médico. De autoconocimiento, ENCANTADO DE CONOCERME de Borja Vilaseca. De espiritualidad UNA VIDA CON ÁNGELES de Tanya Karam. Y REGLAS ESPIRITUALES DE LAS RELACIONES de Yehuda Berg que me ha acompañado desde el día que lo leí, siempre muy cerca, recordándome cosas que mi sentido común ya sabía pero que jamás practiqué. En mi opinión este último, debería ser un libro de lectura obligatoria en los primeros años de bachillerato cuando todos morimos de amor, pero no entendemos nada al respecto.

Volver a leer después de la abstención de la maternidad, me ha hecho valorar aún más el privilegio de escapar con la imaginación a otro lugar sin pararme del sofá. El tiempo de lectura es mi gusto más sublime, mi rato conmigo misma, mi autoestudio y mi consuelo de nerd que ya terminó de estudiar pero muere por seguir aprendiendo. No tengo problema en tener varios libros empezados, salto de la autoayuda a la nutrición, de ahí a la espiritualidad, la novela histórica o la poesía. Leo de todo, de lo que resuena conmigo, de lo que me recomiendan, de lo que está de moda y de lo que se considera superficial. Me doy el lujo de dejar libros empezados y de releer aquellos que supe amar. Marco todos mis libros en la primera página con nombre y fecha, subrayo frases bonitas o importantes y acumulo libros en cajas mientras construyo la biblioteca de mis sueños. Porque en la casa de mi familia siempre hubo una que tenía un olor muy particular. Sé que de allí me nació el gusto y amor por los libros y este sueño, confeso pero aún no realizado, de escribir algún día uno que hable de mi vida, de historias fantasiosas que a veces se me ocurren, o de todo lo que he aprendido desde que descubrí mi amor por enseñar.

@yogalalma

A las mujeres de mi vida, y a todas las demás.

  • ¿Elisa es con ese o con zeta? ¿Tomás es con hache? La pregunta obligada en cuanto servicio de salud o trámite general consulto para mis hijos, me recuerda que soy mamá.

Es que a veces los veo o los oigo llamándome y me asalta la duda, ¿en qué momento pasó esto? Si. Soñé con ellos dos toda mi vida. Me acaricié la barriga vacía muchas veces y también me metí las muñecas debajo de la camiseta. Jugué mamacitas a más no poder y juré que mis hijos se llamarían Sofía, Lucrecia y Juan Sebastián.

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También por eso mis amigas me empezaron a decir Lucre. Fue en una época en la que cogí cara de secretaria. Me corté el pelo hasta los hombros, me saqué capul y me pusieron gafas oscuras con lentes “transitions”. Era “alérgica al sol”, eso dijeron los médicos, ante la falta de explicación de las enormes ronchas que me salían en los brazos y las piernas cada que iba a “tierra caliente”. No existía Raid que pudiera evitar que los zancudos me acabaran, y yo con una rascadera frenética, completaba la misión. Entonces esas gafas, que se oscurecían a salir al sol, me protegían los ojos que también se me irritaban con el calor. Yo vivía acalorada y alérgica. Era un volcán en continua ebullición.

No fueron años fáciles. Yo era una nerda de las escasas. Cuando cumplí doce, pedí a mis abuelos de regalo los libros “Vendidas” y “La casa de los espíritus”, mientras que me hice miembro del Club de lectores Edilux que me mandaba cada mes un libro nuevo de regalo. Mis amigas, mucho más “cool” que yo me empezaron a llamar “la nanny Fine”, como la niñera que salía en una serie de TV. Era mucho más desarrollada que ellas, les llevaba una cabeza y parecía su mamá.

Los niños con los que “salíamos” (léase íbamos a cine a Oviedo), me llegaban más abajo del hombro. Aún tenían la voz aguda, pero se llenaban la boca hablando de sus aventuras. Les encantaba repetir “que iban perdiendo hasta recreo”, que no estudiaban nada o que los habían echado del colegio y que ahora estudiaban ¨validando en un vagadero.

Me sentía fuera de lugar. Repetía que había nacido en la era equivocada y que hubiera sido más feliz en el renacimiento.

Entonces aprendí a camuflarme en un disfraz que me hacía sentir más cómoda. Pasados unos años, ya todas las amigas éramos igualiticas, al menos físicamente. Nos hicimos mechones monos gruesos, compramos beeper, nos vestíamos parecido y no pasábamos medio día sin vernos. Al final de la jornada escolar, nos citábamos para ir juntas al gimnasio, o a la casa de la otra y el fin de semana nos turnábamos en las fincas. Yo repetía feliz, que a nosotras nunca se nos acababa el tema.

Pero también había muchas peleas. Todas teníamos un carácter tenaz, no tolerábamos la diferencia, pretendíamos que las demás pensaran igual. Y eso cada vez era más difícil. Uniformar a una jauría de mujeres voluntariosas, no era más que una fachada que escondía muy bien lo tremendamente distintas que éramos todas.

Muy pronto cada una empezó a mostrar deseos de seguir un camino único, que validara su esencia y le diera su lugar en el mundo.

La madurez llegó con menos intensidad. Nos veíamos menos, conseguimos pareja y las prioridades cambiaron por completo. Empezamos a necesitar ocasiones especiales para vernos, pues ninguna coincidió en su elección profesional.

Volver a ser individuo, cuando uno ha hecho simbiosis por tantos años, es LA felicidad. Reafirmar que la esencia sobrevivió a la adolescencia y que además se pulió, fue muy importante para mí. Volví a ser yo. No parte de una barra, sino única, auténtica y además orgullosa de serlo.

Así como soñé con ser mamá, el matrimonio era LA meta de mi vida. Me moría por vivir en pareja, tener estabilidad en ese sentido me desvelaba. Tal vez por eso, me aferré a mi novio “grande”, 11 años mayor que yo, con el que estaba desde los 18 años. Con él siempre me sentí protegida y adorada y esa seguridad me permitió centrarme y explorar lugares de mi personalidad que jamás creí posibles. Como mi carácter había sido un continuo incendio, me había pasado la vida sin cuestionar a fondo qué era lo que movía tanta energía en mí, ni qué potencial podía haber en ello. Pero una vez llegué a este remanso de paz, me sobraron ganas de agarrar el timón y torcer el sentido de mi vida. Y eso hice.

Aprendí yoga, me fui a vivir a China, visité India, Malasia y Tailandia. Tenia solo 22 años y tocaba el cielo con las manos. Me gradué de periodismo, monté mi propio negocio, seguí estudiando y me enamoré de la enseñanza. Aprendí a creer en mí, cambié mi dieta, troté maratones, hice cursos de cocina y nutrición.

Y muy pronto no era ni la super nerd del colegio, ni el incendio inapagable. Ya la piel se había aliviado, en mi no vivía Lucre, ni la hija difícil, ni la mala hermana ni la adolescente indomable, ni la mujer entregada a amores ingratos. No me atormentaba mi pasado y podía reírme de él.

La cereza de mi postre fue casarme. Adoré la convivencia y la vida en pareja y cuando llegaron mis hijos quise hacer todo por ellos con la autosuficiencia que siempre me ha caracterizado. Redefiní mi negocio, pero confirmé mi pasión por el yoga, la enseñanza, la escritura, el oficio de ser mamá, cocinar, estar en casa, hacer ejercicio, seguir aprendiendo a ser mejor y ser una mujer 100.

Y mientras tanto mis amigas de la vida seguían sus pasos y caminos personales. Cada una cada vez más segura de su camino. Unas más afines que otras, pero todas presentes en los momentos más importantes de la vida de las otras. Nos veíamos de vez en cuando, casi siempre con los niños. Persiguiéndolos por los centros comerciales o compartiendo un helado absolutamente derretido. Hablábamos por encima de sus gritos y juegos, nos desatrasábamos de lo estrictamente necesario y nos despedíamos exhaustas hasta la próxima vez.

Entonces dijimos que era tiempo de hacer un paseo juntas, dejar a los maridos encartados y chismosear hasta el amanecer.

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Por fin llegó el momento del viaje. Adoro que haya sido en marzo, cuando siempre me siento más inclinada a hablar de la mujer que es uno de mis temas favoritos, porque lo que pasó en este paseo a Playa del Carmen fue algo muy emocionante.

Confieso que tenía sustico, porque hace mucho tiempo que no viajábamos juntas y nunca antes con tanto quórum.

Pero fueron necesarias pocas horas para entrar en una sintonía deliciosa. Comprobé rápidamente que nuestra esencia había “sobrevivido” también al matrimonio y los hijos, a los años sin conversar íntimamente, al título de “señora”, al puesto laboral, a las peleas y a las vidas tan diferentes que eligió cada una.

Mágicamente seguíamos siendo exactamente las mismas. Adentro se sintió igual. Adoré reconectar con estas mujeres que me conocen desde los 4 años. Destornillarnos de la risa por las ocurrencias de las otras, por las anécdotas patéticas que un día nos hicieron llorar. Amé saberlas tan distintas a mí y aún así quererlas sin juzgarlas, aceptarlas y además admirarlas por lo que han logrado con sus vidas. Encontré mi barra de siempre dispuesta a reírse de lo que antes hubiéramos criticado y necesitar cero chismes de otros para entretenernos y hablar sin parar. Lo mejor fue hablar con desparpajo y sin miedo de todo, sabiendo que lo que decíamos jamás saldría de allá.

Porque aparte de todos los títulos que puede ostentar una mujer en su vida, el de bruja es uno indigno y molesto, pero tan real como todos los demás. Cuando una mujer se propone con determinación ser mala o destruir o cuando está movida por la envidia y muy poco corazón, tiene tanto éxito como cuando se propone lo contrario.

Pero en este caso solo encontré amor del bueno, camaradería y confianza.

Los 6 días que estuvimos juntas fueron perfectos. Llegué plena y recargada. Da lo mismo que hubiéramos estado en Bolombolo o en Playa del Carmen. El paisaje y el mar fueron solo el patrocinio perfecto para estos días de reconexión tan especiales. Volví a ser la niña que iba al Marymount todos los días, la que se jugó mamacitas chiquita, la que se cortó el pelo como una secretaria, la que amó como loca en la adolescencia, la que se convirtió en la Nanny Fine de sus amigas, la que las hizo reír con sus anécdotas únicas. Yo que iba con una maletada de diarios, fotos y cartas, pero también con algo de resquemor, me devolví con un precioso equipaje emocional, porque todo lo que redescubrí, gracias a esos 11 espejitos que he querido por tantos años, está en un lugar de paz, en una inmensa tranquilidad. Me gustó saber que estoy parada exactamente donde quiero estar y que mi recorrido y las pruebas de ese camino, han sido absolutamente necesarias. Las agradezco, las honro y con gusto las volvería a pasar, para poder saborearme este presente con cero remordimiento y reconciliada con todos los demás papeles que jugué en el pasado.

Y a ellas, las mujeres de mi vida, les hago una venia, porque sus caminos los conozco como el mío y el lugar al que ha llegado cada una, es una obra de admirar.

  • Soy la mamá de Elisa y Tomás. Con ESE y sin HACHE- atiéndame rápido señorita que tengo una historia bailándome en la mente y me tengo que ir a escribirla ya.

Mujeres del mundo. Feliz día (requete-atrasado) y feliz vida. Aprovéchense y háganse aprovechar, que el fuego que tenemos dentro, puede brillar o puede quemar, así de poderosas somos.