Mis libros más recordados, una lista de todos aquellos que me han hecho feliz.

 

IMG_6446.jpgHace mucho tiempo que no leía un libro que me trasnochara. Algunos de los que leí en el último año son hermosos e interesantísimos, pero tan intelectualmente densos que no soportan mi muy poca energía nocturna de mamá de dos casi-bebés. Por eso volver al ruedo de la novela histórica con SEMEJANTES LIBROS, ha sido la motivación para hacer una lista, de estas que tanto amo y disfruto hacer. Quiero que esos libros que me han producido tantas emociones en mi vida, puedan llegar a hacer feliz y conmover a alguien más. Bueno…. algunos logran mucho más que eso… como los que estoy terminando ahora… y por eso, voy a empezar por ahí:

1. LO QUE DICEN TUS OJOS, seguido inmediatamente de CABALLO DE FUEGO PARÍS, CONGO Y GAZA. Bueno les digo, estos libros son más dulces que lecherita con arequipe, y podrían escandalizar a más de una (lo del género es a propósito, no creo que un hombre soporte leerlos, además que podrían afectar ampliamente su autoestima), pero por la misma razón tienen el poder de calentar hasta la relación más destemplada. Altamente recomendados para aquellos meses helados que siguen la llegada de la maternidad. (Risas… y como dicen ahora en redes, me retiro lentamente de este tema). Mientras suspiras por la relación que jamás llegará a existir en la vida real, aprenderás del conflicto árabe y palestino, y de la guerra de etnias en el Congo. He adorado estos libros, que no se consiguen en papel, al menos en Colombia, pero que he devorado en la pantalla del celular mientras manejo, espero citas, hago filas y antes de caer en un muy feliz sueño profundo. Autora argentina: Florencia Bonelli, a quien planeo seguir stalkiando en busca de títulos perfectos para unas vacaciones entretenidas.

2. Oriente es mi obsesión desde hace años y sé que muchos la comparten. Tal vez porque conocer, así sea a través de las páginas, una historia y una cultura que nos son tan ajenas, tiene el poder de transportarnos, erizarnos la piel, abrirnos el apetito y expandirnos las fronteras. Como todo lo que es moda, muchos de los libros basados en oriente han casi caído en el cliché, pero de todos los que he leído, recomiendo a CISNES SALVAJES (Jung Chang) por mostrar de manera autobiográfica la más dura realidad de la dictadura china, con tal finura en las palabras, que no puede pararlo de leer. También adoro y recuerdo con felicidad los libros de Javier Moro, EL SARI ROJO y PASIÓN INDIA. De Kenizé Mourad, UN JARDÍN EN BADALPUR y DE PARTE DE LA PRINCESA MUERTA, y de la misma línea, COMETAS EN EL CIELO de Khaled Hosseini. Y aunque hace más de diez años me leí LAS VÍRGENES DEL PARAÍSO de Barbara Wood, pero aún lo recuerdo al igual que EL AMULETO.

3. De paseo en India, quise comprar un libro de una autora local, y terminé con EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS, de Arundhati Roy, entre mi maleta. Adoré su cadencia, los detalles en su relato, y sentirlo tan genuinamente indio. Un libro distinto que ni siquiera sé si llegó a occidente, pero que vale la pena buscar, así sea en formato digital.

4. De las manos de una prima recibí uno de los regalos más bonitos que me ha regalado la literatura. UNA VOZ ESCONDIDA de la autora iraní Parinoush Saniee, me estremeció, me marcó, y me obligó a repensarme como mamá. Sinceramente es el libro que debería leer cada mamá de este mundo mucho antes de que sus hijos hablen por primera vez.

5. De los autores más reconocidos en el mundo de las letras y guiada por mi lado intelectual, leí UN HOMBRE y NADA Y ASÍ SEA, quedando enamorada de la narración de Oriana Fallaci. Hasta hubiera puesto a una hija Oriana, si mi marido me hubiera dejado. Las descripciones que esta mujer hace de la guerra de Vietnam, casi me arrancan lágrimas. De Mario Vargas Llosa, devoré LA FIESTA DEL CHIVO, sobre el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Fascinante y estremecedor. De Dostoyevski, CRIMEN Y CASTIGO, de Kafka EL PROCESO y de Milán Kundera, LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER, así las reinas de belleza hayan cogido este último de parche, fue mi libro favorito por mucho tiempo.

6. Siendo aún muy chiquita, leí libros para adultos en los que aprendí de la vida mucho más rápido de lo “aconsejable”. Pero la lectura era mi mundo personal, privado y fantasioso y siempre tuve la libertad de escoger lo que me gustara, así “no fuera apropiado para la edad”. Recuerdo que saqué más de diez veces de la biblioteca del colegio a JAYNE EYRE de Charlote Bronte y lo leí una y otra vez deseando que el final fuera diferente. Yo lo leía sin saber que era un clásico de clásicos, enamorada de su narración, y hoy, más de 20 años después aún recuerdo al señor Rochester y tengo una imagen de Jane esperándolo en la ventana. De esa segunda década de mi vida y de mi autora favorita de ese entonces, Isabel Allende, adoré PAULA, LA CASA DE LOS ESPÍRITUS y RETRATO EN SEPIA. Y los leí casi al tiempo de VENDIDAS (Zana Muhsen) y FLOR DEL DESIERTO (Waris Dirie). Y como ñapa quiero añadir que, sin importar que pasen los años, siempre querré volver a leer LAS BRUJAS de Roald Dahl, quien con su ratonizador de acción retardada me sigue divirtiendo en mis recuerdos.

7. Entre otras libros, que no sabría clasificar, pero cuyo recuerdo aún me inquieta, tengo LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS de Torcuato Lucca di Tena, MI DERRAME DE LUCIDEZ de Jill Bolte Taylor, y cualquiera del japonés Haruki Murakami, siendo de lo más loco que he leído en mi vida, KAFKA EN LA ORILLA y LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE. Tal vez todos los de este párrafo, encontrarían en común la capacidad de irse a estados mentales tan extraños y diferentes, que más allá de poderlos clasificar como “ buenos” o “malos”, uno dice, WOW, esta gente qué estaba pensando cuando escribió esto. Para mi sobre todo los dos primeros fueron un placer absoluto.

8. Me he leído casi todas las series adictivas que han salido en los últimos años, pero todos los de Stieg Larsson, empezando por LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES, son mis predilectos. De esas lecturas cuyo final lo dejan a uno despechado y desparchado, deseando volverlos a leer (o poner a alguien más a leerlos, para poderlos comentar)

9. De autores colombianos me podría trillar hasta el fondo hablando de cuanto amé CIEN AÑOS DE SOLEDAD, pero preferiré recomendar DULCE COMPAÑÍA, LA NOVIA OSCURA y DELIRIO de Laura Restrepo. Sobre todo me fascina su prosa casi no-puntuada, con renglones justificados a lado y lado, en párrafos de hojas completas sin un solo espacio por llenar. Se oyen mentalmente como una cantaletica continua, como la bulla que hacen las viejitas al rezar. De Héctor Abad me gustó EL OLVIDO QUE SEREMOS por su nostalgia sin queja, un homenaje hermoso al amor del papá.

10. Y porque necesito leer para aprende de mí misma, para creer en lo que jamás creería sin la ayuda de alguien más, están todos estos que voy a meter casi a la fuerza en mi categoría yogi, CLEAN, CLEAN GUT, (de Alejandro Jung), THE CHINA STUDY (TC Campbell), SUPERFOODS, FOOD AND MEDICINE OF THE FUTURE (David Wolfe) de nutrición desde un enfoque muy médico. De autoconocimiento, ENCANTADO DE CONOCERME de Borja Vilaseca. De espiritualidad UNA VIDA CON ÁNGELES de Tanya Karam. Y REGLAS ESPIRITUALES DE LAS RELACIONES de Yehuda Berg que me ha acompañado desde el día que lo leí, siempre muy cerca, recordándome cosas que mi sentido común ya sabía pero que jamás practiqué. En mi opinión este último, debería ser un libro de lectura obligatoria en los primeros años de bachillerato cuando todos morimos de amor, pero no entendemos nada al respecto.

Volver a leer después de la abstención de la maternidad, me ha hecho valorar aún más el privilegio de escapar con la imaginación a otro lugar sin pararme del sofá. El tiempo de lectura es mi gusto más sublime, mi rato conmigo misma, mi autoestudio y mi consuelo de nerd que ya terminó de estudiar pero muere por seguir aprendiendo. No tengo problema en tener varios libros empezados, salto de la autoayuda a la nutrición, de ahí a la espiritualidad, la novela histórica o la poesía. Leo de todo, de lo que resuena conmigo, de lo que me recomiendan, de lo que está de moda y de lo que se considera superficial. Me doy el lujo de dejar libros empezados y de releer aquellos que supe amar. Marco todos mis libros en la primera página con nombre y fecha, subrayo frases bonitas o importantes y acumulo libros en cajas mientras construyo la biblioteca de mis sueños. Porque en la casa de mi familia siempre hubo una que tenía un olor muy particular. Sé que de allí me nació el gusto y amor por los libros y este sueño, confeso pero aún no realizado, de escribir algún día uno que hable de mi vida, de historias fantasiosas que a veces se me ocurren, o de todo lo que he aprendido desde que descubrí mi amor por enseñar.

@yogalalma

De una hija afortunada, para mi mamá.

El tren de las oportunidades pasó muchas veces para mí. Pasaba y yo quería montarme, pero nunca era capaz.

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Fui una adolescente tremenda. Tenía demasiada energía, era autosuficiente. Me sentía un alma vieja y siempre me creí madura. No me gustaba que me dijeran qué hacer, y como casi todo me salía bien, me enfurecía que mis papás “no me tuvieran confianza” y que me cuidaran “tanto”.

Todo esto era un muro amplio y grueso con el que me chocaba cada que trataba de tener una relación más sana y amorosa con mi mamá. La hería y muy fuerte. Me parece oírme diciendo que yo no había escogido nacer, y tantas cosas más absurdas que se le ocurren a uno para decir que quiere ser distinto, que no quiere ser más una niña, que necesita independencia y libertad.

Me decían que algún día entendería, que cuando fuera mamá sabría porqué ella hacía lo que hacía. Pero yo solo escribía, escribía en mis diarios para acordarme de todo lo que según yo, no debía hacer cuando tuviera hijos. Decía que los comprendería, que les daría confianza, que los dejaría faltar al colegio de vez en cuando. Decía que sería más “bacana”, más amiga.

En mi familia somos 5. Un papá y una mamá trabajadores consagrados. Se dicen liberales pero son de la vieja guardia. Mi mamá abogada, demasiado correcta, la mujer más amplia que he conocido en mi vida. Mi papá inteligente, deportista, disciplinado, puedo decir que jamás lo he visto salirse de control? Es algo impresionante. Mi hermana mayor, un ángel de Dios. Bondadosa y servicial, siempre dispuesta, no sabe decir no. La mejor amiga que existe. Mi hermano menor, el hijo que toda mamá soñó tener (hasta una adolescencia tardía a los 23 años, de chocadas apoteósicas cada 8 días) pero siempre amoroso, paciente, siempre compañía para el que lo necesitara tíos, primos, papás o hermanos. Yo, el sánduche, cumplía con ser super buena estudiante y juiciosa, sabía que era buena y amorosa porque me conocía en todas mis facetas, pero en mi casa era “resbalosa”, como me decía mi papá, y de verdad una roca en el zapato para ellos. Yo sé que era así, aunque hoy mi mamá en su generosidad, trate de minimizarlo.

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A mi me decían que yo era “luz en la calle y oscuridad en la casa”. Y así era. Claro, por fuera sentía que tenía la oportunidad de ser quien yo sabía que era, pero en mi familia ya estaba matriculada como una fiera. No por eso dejé de recibir cariño. Mi familia era hermosa, y por dentro había lazos muy fuertes, tan fuertes que aguantaron todas las pruebas que mi rebeldía y tantas dificultades más nos pusieron. Es como si estuviéramos edificando nuestro cariño por debajo del agua. Con mucha dificultad, tropiezos y esfuerzos. Pero cuando crecimos, y salimos a flote, pudimos afirmar que todo había valido la pena.

Así pasaron los años. Los años de la niñez son eternos. Salir del colegio después de 14 años, puede llegar a ser el logro más grande de la existencia. Y de ahí en adelante, la velocidad cambia, todo se va con el viento. De enero a diciembre es un abrir y cerrar de ojos, la vida se nos pasa sin sentirla. Para mí crecer fue cumplir un sueño. Yo siempre quise ser grande, de hecho siempre me sentí grande. Estudié lo que quise, contrario a las expectativas, Comunicación social es carrera de reinas y a mi me daban por ingeniera, o abogada. Mi mamá me apoyó siempre y sabía de mi gusto por escribir. Mi papá si trató de convencerme con delicadeza de que estudiara algo diferente. Pero tampoco insistió. Después estudié yoga y no había pasado un mes de graduarme cuando ya estaba enseñando en mi propio mini estudio, mientras que mis papás y hermanos se quedaron trabajando juntos.

Me casé de primera, así que también ahí construí muy rápido mi independencia. Tenerlos lejos y extrañarlos, fue tal vez el ingrediente clave para terminar de sanar tantos años de rebeldía. Cuando vi lo que había logrado con mi vida, y me sentí orgullosa de eso, no pude menos que aceptar con humildad y agradecer que mis papás nos habían educado con amor, disciplina y corrección. Con errores, claro. Seguramente no estaban preparados para un carácter como el mío, para los problemas que llegaron con el tiempo, para manejar imprevistos y tratar de mantenerse en pie. Pero es la historia de todos, a eso vinimos a la vida. Lo importante es mirar atrás y comprenderlo.

Terminé de comprobar que TODAS las teorías educativas se caen por si solas cuando tuve en mis brazos a mi primer bebé. Entendí que se necesita demasiada valentía para mirar a los ojos y decirle NO, a quien para uno es un ángel caído del cielo. A veces veo en Tomás visos de mi carácter. Otra veces lo veo exacto al papá. Y sé que ninguna de las dos cosas es buena ni mala por si misma. Son rasgos que determinarán la manera como caminará a través de su vida.

Muy poco tiempo después supe que llegaría Elisa. Para mi tener una hija era un sueño de vestidos y moñitos, pero al mismo tiempo tenía el miedo que bien conozco del karma. Con ella tendré la oportunidad de descubrir si la lección está aprendida o si tendré que repetir el examen.

La historia de mi vida me ha vuelto vulnerable. Con el muro blindado tras el cual me escondí toda mi adolescencia, tenía la ilusión de estar fuerte y protegida. Seguramente era un muro endeble que ocultaba muchos vacíos, pero yo no dejaba verlos. Pocas cosas me tocaban el alma y vivía en mi mundo independiente.

Ese muro ya no existe, fue cayendo poco a poco cuando fui ganando confianza para mostrar mi esencia, cuando perdí el miedo a mostrarme como era. Pero estar expuesta ha revelado muchos miedos. Con tanto amor por mis hijos, con tanta ilusión con la que me levanto a vivir con esta familia que he construido, ha crecido también el miedo a perder, y el miedo a faltar. Mientras tanto veo en mis papás a un par de abuelos amorosos, que ya no están tan jóvenes. Que se han quitado también la coraza y la disciplina férrea con la que nos educaron a nosotros, para malcriar con ganas y sin pena a los nietos.

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Creo que me monté al último tren que pasaba por mi estación. Siempre quise ser mejor hija, siempre quise darles motivos para ser felices, pero de las intenciones no pasaba. Me monté al tren tarde, pero la vida me ha premiado con tiempo para deshacer los pasos y disfrutar a plenitud la vida de ellos.

 Hace ya años que amo y aprovecho a la familia que tengo. Mi papá que se creía invencible y se vanagloriaba de su salud de hierro, ahora se toma un puñado de remedios. Mi mamá, que no probó un cigarrillo en su vida, tiene los pulmones enfermos. Ya sé que no serán eternos. Esa certeza duele, llena de miedo. Pero hay algo que hace la diferencia, porque un corazón puede vivir con tristeza pero no con arrepentimiento.

  • Como mamá ya sé, ya entiendo.
  • Tantas horas de amor.
  • Tantas noches de desvelo.
  • Tanto trabajo.
  • Tantos sueños.
  • Tantos miedos en ellos, pero tanta confianza en sus manos y en sus ojos asegurándonos que “todo estaba bien”.

El día de la madre no es para mí. Yo soy mamá joven. Tengo ilusiones y sueños. Tengo dos hijos chiquitos que aún me miran con orgullo y me dan besos en público y me creen su cielo.

El día de la madre es para la mamá mía. Que ha vivido mucho, que me ha querido con todos mis defectos. Que supo aguantar tantos años y confió en que este día llegaría y valdría la pena su empeño. Que ha dado todo y más. Que ha vivido las lecciones más duras y las ha sorteado con tranquilidad y en silencio. Que ha convertido su casa en un palacio donde cabe todo el mundo. Que no conoce maldad, ni crítica, que en todos ve algo bueno. Que aún trabaja, que no ha soltado las riendas. Que jamás nos dejó verla peleando con mi papá, que lo adora y lo respalda. Que se siente orgullosa y habla de nosotros como si fuéramos perfectos. Que no tiene ni idea del rencor, que es esencialmente buena.

Porque gracias no es suficiente, vida mía, qué afortunada soy de tenerla.

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Fotos y texto Ana Isabel Santa María @yogalalma

Ay mujeres, mujeres.

FullSizeRender.jpg¿Este si será un tema de género? O ¿será un tema de sociedad? No es solamente lo que “los hombres” nos están haciendo, es lo que nos estamos haciendo a nosotras mismas. 

Yo iba a seguir leyendo el muro de Facebook muy automáticamente, como siempre. Dentro de toda la información disponible, uno filtra, para no volverse loco y además para no sintonizar con tanta basura. Pero hoy algo me detuvo una primera vez: que un periodista le pegó en la cara a una señora de 67 años por pedirle que le pusiera un bozal al perro. Me indigné 30 segundos y pretendí seguir. Me detuve por segunda vez con la foto de la señora. ¿Y si ella fuera mi mamá, qué? El dolor ajeno, representado en la vida de uno, se siente distinto: pasa de lejano a posible y la sola posibilidad dan ganas de llorar.

Y si sigue uno para ayer y antier la cosa no es distinta. Hace 10 años leía de acoso y violación a niños, sé que no es algo nuevo y que siempre ha pasado, pero hoy con mis dos hijos al frente, la sensación ya es visceral: qué estamos haciendo!?

Mujeres, seremos más débiles físicamente, pero del potencial que tenemos por dentro no podremos dudar jamás. Nos metimos en la cabeza demasiadas tareas y metas físicas y superficiales imposibles de lograr.

Ni el peor enemigo podría haberlo planeado mejor: manténgalas distraídas para que no conozcan su poder.

Porque, ¿sabes qué? He sido testigo cercana  de muchas mujeres que han decidido romper paradigmas y su energía es incontenible. Choca mucho. Molesta a muchos, e irónicamente a MUCHAS. Pero hay una chispa en la mirada, un convencimiento real, una sana indiferencia hacia el qué dirán, y hacia ese miedo normal de “dónde iré a parar”…

  • Mujeres verracas, porque no hay cómo más decirlo, que se separan sin cinco centavos, y rompen de raíz el círculo de maltrato psicológico, esa línea tan delgada y fácil de confundir con las peleas que todos tenemos igual.
  • Mujeres que “siendo tan inteligentes”, sin reproches ni complejos dejaron de lado su vida profesional por un rato, o por siempre, porque sintieron que su papel estaba en la casa “formando su pequeña sociedad”.
  • Mujeres que siguieron su instinto y se alzaron la falda, se volvieron artistas, bailarinas, cantantes, líderes de opinión, modelos, cocineras, aunque tengan diploma de ingenieras.
  • Mujeres matronas que tuvieron 10 hijos, 30 nietos y no se cuántos bisnietos, que con 90 años siguen siendo autoridad moral y real de su familia.
  • Mujeres con bata de médicas que aman su profesión y con respeto y cariño acompañan al mundo entero en la enfermedad y el dolor, mientras su vida personal pasa a un quinto plano.
  • Mujeres que madrugan a las 2 de la mañana, dejan “coca” para el compañero, comida en las ollas para los hijos, pagan 5 mil a la vecina para que los cuide, organizan casas ajenas, quieren niños ajenos, y regresan a su metro cuadrado a seguir trabajando, mucho después del atardecer.
  • Mujeres que ocupan puestos de peso y que con su delicado liderazgo guían empresas de miles de empleados, y enseñan así a ponerle corazón a espacios que fueron tradicionalmente masculinos.
  • Mujeres que renuncian a su vida misma para vivir con una familia y hacer su vida más fácil siempre.
  • Mujeres que enseñan, construyen mundo desde escuelitas de barro, hasta universidades de respeto, casi siempre con sueldos regulares.

 

Y ¿mujeres, que se dedican a hablar de todo esto? ¿A criticar todo esto? ¿A hacer creer que su elección es mejor, o más acertada? ¿A complicar la vida de sus amigas, de sus colegas? ¿A pagar un sueldo injusto a sus subordinadas?

¿NO ES ESTO DEMENTE?

No mujeres, tenemos que parar este círculo. Tenemos que ser equipo. Mi barra de amigas es de 14 gallinas diametralmente opuestas. Tenemos la variedad completa. Todas hablamos a todo volumen y estamos convencidas de que tenemos la razón. Pero a pesar de que hubo rivalidades de adolescencia supimos resolverlas, y gracias a esto hoy no se nos acaba el tema. Y cada reunión juntas es como la oportunidad de ver al mundo desde filtros de todos los colores.

Como sociedad también tendremos que aprender a vivir con nuestras diferencias y pronto. Y no solo eso, sino también resolver nuestros complejos personales tan tontos. Tanta superficialidad y sufridera por el peso, la apariencia y el qué dirán. Porque la sociedad nos necesita atentas y enfocadas. Aprendamos que hay espacio para toda la gama, para toda la diversidad.

Que todas encontremos esa luz honrada en la mirada, en la que nos sabemos tan valiosas, que no necesitamos acabar con las demás. Y en la que por fin, podamos hacer cambios por las mujeres sin importunidades de verdad, las que nos necesitan, de verdad. 

Ni tanta indiferencia, ni tanto “Hashtag” (#niunamasniunamenos). Necesitamos CARIÑO

PRESENCIA

RESPETO

APOYO

E n    l a    v i d a    r e a l

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Mi gallinero feliz  

@yogalalma

Instinto, sabiduría del alma

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El cuerpo es una máquina perfecta que está constantemente buscando su equilibrio. Hará todo lo que esté a su alcance para conseguirlo, incluso si esto contradice nuestro ser más racional. 

Tu cuerpo es tu aliado, tu mejor aliado. Está de tu lado y está hasta su último aliento buscando tu bienestar. Pero esto no es tan fácil de entender, sobre todo porque en nuestra vida siempre ocupada, no tenemos tiempo de conectar con su instintiva sabiduría.

Yo siempre lo tuve claro en la teoría, pero necesité 9 meses de mi primer embarazo para poder finalmente sentir entender el maravilloso poder de ese instinto y lo que hace en nosotros con tal de preservar la vida.

Antes de eso, yo tenía muy claro qué era tener hambre. Podía identificar de vez en cuando un antojo, y lo llamaba a menudo “gula”. Pero no fue sino saber que estaba embarazada para entender con todas sus aristas la necesidad imperiosa, biológica e inaplazable de comer algo específico y ojalá de manera inmediata. Pasé de comer muy liviano a necesitar más densidad, sobre todo al desayuno, de comer 3 veces al día a una tremenda agonía tras 3 horas de ayuno. Aborrecí por un buen tiempo mi amada ensalada, no pude saltarme una sola comida y necesité dormir muchas horas extra en el día. El instinto le habla de frente a uno, y hasta la mujer más frugal y dietética entiende muy pronto que si ella quiere “cuidarse”, lo tendrá que posponer, porque la naturaleza se impone y exige cuidar y alimentar la vida que viene en camino. Ya el tema de la lactancia es aún más interesante. Cuando uno está convencido de que llegó el momento de volver a ser uno mismo, no entiende porqué se tiene que comer todo lo que le traen de regalo y peor, porqué luego sigue con hambre. Y es que a un cuerpo absolutamente exhausto, que no duerme lo suficiente y de cuya vida y salud depende la vida misma del bebesito, le falta mucho tiempo para volver a sentir su “normalidad”. Uno, porque en este momento de la vida sabe que tiene muchas opciones para mantener al hijo bien nutrido, pero en nuestros genes está escrita la historia misma de la humanidad, que dependió exclusivamente del alimento de la mamá y aprendió a hacer lo necesario para obtenerlo.

A una embarazada la entiende y la consiente todo el mundo. Pero que tal si entendiéramos que esto nos pasa a todos, todo el tiempo? Que así como la naturaleza preserva la vida de un bebé en la barriga de su mamá y luego recién nacido, hace todo para preservar también la nuestra?

Los antojos tienen mucho que enseñarnos de nuestra condición interna. Son un reflejo tangible de aquello que estamos necesitando. No es casualidad que las redes sociales estén inundadas de fotos del mar, con letreros que piden a gritos unas vacaciones: todos, en la locura de afán que vivimos estamos urgidos de darnos un verdadero descanso.

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Aunque no funcionan igual para todos, pero hay muchos antojos (deseos instintivos) que he aprendido a identificar y que se han convertido en mis aliados para estar a tiempo de sanarme, antes de caer en el desequilibrio más profundo que no es otra cosa que la enfermedad.

  • Cuando me voy a enfermar de gripa, tos, resfriado, empiezo a sentir muchas ganas de tomar limón con una pizca de sal. Igual me pasó en los embarazos, que andaba todo el tiempo con un termo con agua, limón y pimienta cayena. El limón es altamente alcalinizante, por lo que nos ayuda a “sacar” las enfermedades del cuerpo y a generar una barrera natural en la que no “prosperan”.
  • En las épocas en las que he hecho mucho ejercicio, he vivido siempre con hambre. Quiero aclarar que soy deportista consagrada, pero he entendido que por moda caímos en el error de creer que el ejercicio físico excesivo es la panacea. Pero resulta que éste genera oxidación y estrés. Y que demasiado deporte confunde nuestro sistema y le proporciona muchas carencias de hidratación, de calorías, de descanso, de relajación. Si nos movemos mucho y de manera muy fuerte, siempre el cuerpo buscará reponerse, y la primera y más básica interpretación que hacemos de esto será el hambre. 
  • Chocolate. El cacao en su forma más pura contiene hierro, magnesio y serotonina. Parece ser que no es chisme de revista Vanidades que lo busquemos en época de tristeza y cansancio.
  • Dulces /Repostería. Cuando no dormimos lo suficiente, cuando comemos muy pesado, cuando tenemos mucho estrés, buscamos esta fuente inmediata de energía. Siempre que haya un bajón del nivel de azúcar en la sangre, empezamos a imaginarnos y a desear alimentos que lo suban. La trampa con éstos es que solo son una solución del instante y que si caemos en este antojo básico, pronto estaremos deseando “un pedacito más”, que por supuesto, tampoco será el último.
  • Licor. Para “olvidar”. Al final de días o épocas fuertes, soñamos con un trago que nos haga olvidar y destensionar. Como cada vez es más difícil apagar el piloto automático, confiamos en esta fuente inmediata que relaja y desconecta nuestro ya saturado sistema nervioso.
  • Mecato, comida rápida. Hoy no pasan más de 10 minutos entre la necesidad de comer y la satisfacción del deseo. Ni siquiera tenemos tiempo de pensarlo dos veces, cuando ya tenemos el pan en la mano. La oferta es demasiada, y la publicidad cada vez más llamativa y poderosa. La famosa caricatura gringa del niño gordito viendo televisión con un balde de crispetas más grande que él en la mano, es la más terrible representación de esto. El niño no tiene hambre, pero está comiendo en un acto automático. Seguramente se levantará con más hambre, porque el cuerpo está ávido de nutrientes y en la pobrísima conexión que tiene con él, relaciona el hambre con la comida más próxima y fácil de obtener, que será siempre la comida chatarra. Mientras el cuerpo de este niño no obtenga los nutrientes que necesita para funcionar, seguirá mandando señales, pero ésta conversación será más o menos como el cuerpo hablando en Chino y el niño respondiéndole en Español. Hasta que no se rompa la cadena de dependencia de calorías, y no se le de al cuerpo lo que está verdaderamente pidiendo, el desequilibrio será evidente. Y tras muchos años sucediendo lo mismo, el resultado será inevitablemente, la enfermedad.

Sal, azúcar, café, miel, sopa, jugo, ácido, quesos o lácteos, frutas o helado, cada antojo tiene algo importante que enseñarnos. Son señales sutiles, que hablan más bajo que la mente racional. Más bajo que la vida social. Más sutilmente que la publicidad. Con tanto ruido externo cada vez es más difícil escucharlos. Hemos aprendido a condenar todo aquello que quepa bajo la etiqueta de “esto engorda”. Privilegiamos mil cosas cero naturales y sanas de la cultura Fitness por creer que nos van a regalar el abdomen de los sueños. Juramos que somos maleables como la plastilina y que podemos meternos en moldes idénticos, con la ilusión de que encajamos. Sufrimos de estrés crónico, cansancio crónico, colon irritable, jaquecas, insomnio, depresión y ataques de pánico. Huimos del sol, amamos el ejercicio demente, en el que durante una hora tratamos de desatrasar lo que dejamos de movernos en una vida de oficina aburridoramente quieta y sedentaria.  Compensamos todas las carencias con tarros de vitaminas fosforecentes e intragables, que no son más que nutrientes aislados que alguna vez estuvieron en alimentación corriente.

IMG_8996.JPGDe niños somos sabios. Nuestro instinto nace intacto. Pero crecemos y aprendemos “más de la cuenta”, vamos arrinconando esa herencia invaluable de tantas generaciones que han pasado por el mundo y nos entregamos al mundo racional, con mil ideas de lo que debería ser y muy pocas de cómo manejar lo que ya es. El yoga me ha enseñado a “sentir lo que siento”, a estar con esas necesidades que surgen y que generan incomodidad a veces. A no pelar con lo que llega a la mente, sino a aprender a conocerlo, y quizá, a manejarlo. El Yoga me “siembra” obligada en el aquí y el ahora y me entrega un canal de comunicación directa con el instinto crudo y por mucho tiempo ignorado, para ver si finalmente le permito que trabaje en mi equipo, me proteja y me enseñe. Después de un buen tiempo, aún no siempre lo logro, pero sigo en el trabajo.

No hace falta tanta tecnología. A veces es mejor apagar por un tiempo el “afuera” para tratar de sintonizar la voz interior. @yogalalma

Volver al origen

Que lo cliché del título no te asombre. Casi todo se ha dicho sobre esto. Que vamos a volver a lo natural, a lo orgánico, a la tierra. Que la saturación a la que hemos sabido llegar ya no aguanta para más. Que las megaciudades y el súper desarrollo están siendo desplazados por el amor a lo natural, por los espacios vírgenes no dañados aún por el hombre. Creo en todo esto… pero aún creo que hay más.

FullSizeRender.jpg“Todo lo que llega a un extremo, inevitablemente regresa a su opuesto”. Esta frase me la encontré en un libro hace años. No me acuerdo qué libro exactamente, pero desde ese entonces me ha dado muchas horas para pensar y reflexionar. Y es que es algo que puede aplicarse a todo. Pienso en la persona que se vuelve alcohólica: por irse al extremo, debe volver a la abstinencia total si quiere sanarse. Pienso en quien se desborda en la comida: debe hacer una dieta estricta para recuperarse. Pienso en los países con estaciones: el pico de calor más alto da inicio al declive que lleva finalmente al invierno. Y finalmente pienso con fuerza y muy a menudo en este mundo de nosotros que entre Isis, el Sr. Presidente actual de Estados Unidos, Siria, el derroche de dinero más absurdo de unos mientras muchos otros aún hoy mueren de física hambre; entre tantos extremos tan locamente sostenidos por tanto tiempo, es hora, y con prisa de regresar a un opuesto. ¿El opuesto qué es?

  • Las “ciudades del futuro” empiezan ya a perfilarse como enormes muros verdes de árboles y flores, puentes y estructuras que zigzaguean para dar espacio a árboles centenarios.
  • La “alimentación del futuro” parece volver a ser verde y local, idolatrando menos los productos importados, para regresar a lo que está de cosecha, en huertas pequeñas, cultivado por campesinos y con menos intermediarios. La gente quiere saber qué es lo que se está comiendo, quiere menos comida procesada con ingredientes químicos innombrables, para volver a lo hecho en casa con productos de la tierra.
  • La “ciencia del futuro” no busca tanto avanzar como resarcir. Busca combustibles más limpios, empresas más responsables, reutilización de residuos.

Estamos re-pensando todo lo que pensamos sería el futuro, para mirar atrás y recuperar tantas tradiciones valiosas dejadas en el olvido, ingratamente desechadas en el afán de avanzar.

¿Cuál es la religión del futuro? ¿Qué definirá la espiritualidad del hombre del mañana? ¿Con tanto conocimiento, tantas herramientas y al mismo tiempo tanta autosuficiencia? ¿En qué creeremos cuando somos una generación supremamente atea? Yo me atrevo a adivinar que la espiritualidad del futuro será la tarea de navegar tan profundo en el ser, que lleguemos a entender el alma. Que más allá de estudiar átomos, moléculas y células, podamos aprender de energía, de aquello que estamos hechos, lo que nos hace mover y estar vivos, lo que nos hace buscar avanzar como individuos y estar en constante evolución como raza humana.

“Todo lo que llega a un extremo, inevitablemente regresa a su opuesto” Pienso en un caucho que estiramos y estiramos, calculando su resistencia. Al soltarlo, volverá bruscamente a su posición original, pero no volverá a ser el mismo, ¿verdad? Así, nosotros hemos ido a extremos, hemos estado en búsquedas muy locas, muy lejanas al origen. Seguramente es tiempo de volver al opuesto, con la ventaja de haber ido a tantas partes, de haber conocido tantas cosas que tengamos una mirada más amplia y sabia para empezar a sanar, a limpiar y a reinventar la historia desde una perspectiva más amorosa, más sensible, más compasiva y sobre todo más sabia con nosotros mismos y con los demás. @yogalalma

FOTOGRAFÍA: Isla Bermuda, USA. Ana Isabel Santa María T. @yogalalma

 

Detox, el efectivo tamiz para depurar y honrar tu ser total.

Los “detox” están de moda. Y como todo lo que se pone de moda, tiende a perder su poder y su verdad. Que tanta información, no te quite las ganas de ensayarlo algún día. Desintoxicarse es una herramienta de transformación muy profunda, que te conecta con tu salud y te obliga a “hibernar”. El resultado es increíble de verdad.image2.jpeg

  1. Qué hace un detox en tu cuerpo

Con un detox, sacas tu cuerpo y tu mente a vacaciones. En cuento al cuerpo el sistema digestivo usa una inmensa cantidad de energía en transformar los alimentos y desechar lo que no se va a usar. Sobre todo porque en el común de los días comemos en combinaciones, cantidades y frecuencias inadecuadas. Al programar una alimentación de desintoxicación de una manera sana, liviana y con alimentos de altísima calidad, estás asegurando la nutrición adecuada, al tiempo que permites que toda la energía sobrante se use en sanar y en reconstruir.

En la mente por su lado, almacenamos información sin límite ni filtro alguno. Noticias malas, conversaciones innecesarias, demasiado ruido. No dimensionamos el efecto que todo esto tiene en nosotros, los miedos que nos crea, la impotencia en que nos pone. Durante los días de una desintoxicación, la invitación es a seleccionar muy bien el “alimento” que le damos a la mente, para aliviar integralmente el cuerpo, la mente y el alma.

Qué pasa entonces con la energía que nos ahorramos durante estos días?

El cuerpo la va a usar para “organizar la casa”, algo así como lo que hacemos todos cuando salimos a vacaciones: ocuparnos de aquello para lo que nunca tenemos tiempo. Así pues, vas a ver mejoría en tu digestión, en la calidad del pelo, la piel y las uñas, en el estado de ánimo, en la claridad y serenidad de tu mente y en los niveles de energía.

  1. Para qué no usar un detox

Definitivamente un detox no es una dieta para bajar de peso. Hacerlo con esta intención solo resultará en un aumento posterior del peso por la ansiedad y el desorden que nacen de una dieta mal planeada y del deseo de ver resultados inmediatos que no van a suceder. Por favor tómate tu tiempo para escribir qué te motiva a hacer este detox, cuál es tu meta principal. También te recomiendo abstenerte de hacer ejercicio extenuante en estos días. Para recibir los beneficios a plenitud, necesitarás estar en paz, con tiempo libre para procesar todo lo que va a surgir en medio de la limpieza.

  1. Qué puede ser difícil?

Para seguir con la analogía de la casa, recuerda que cuando sacamos las cosas viejas y archivadas para limpiar, sale una cantidad impresionante de polvo y desorden. Asimismo los primeros días podrás sentir dolores de cabeza, mucha ansiedad por la comida, brotes en la piel (acné), mal olor, mal aliento, frío, irritabilidad.

Si extiendes el detox por 5 días los resultados van a ser plenos. Y los días 3 y 4 ya muy fáciles de manejar. Sin embargo por la vida social, y por ser una experiencia nueva, puede que 3 días sean suficientes para empezar. Solo ASEGÚRATE de ser muy selectivo con tus alimentos en los días posteriores al detox!!! El cuerpo está limpio, pero al mismo tiempo muy alerta y listo para aprovechar todo lo que entre en él.

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  1. Aprovecha estos días. Son especiales.
  • Aprovecha para desintoxicarte de noticias malas, cadenas de correo y redes sociales que lo único que hacen es desperdiciar tu valioso tiempo, llenarte de miedos y hacerte estar por siempre inconforme.
  • Deshazte de productos refinados de tu alacena que no quieras volver a usar: cereales de caja, sopas de sobre, mecato, salsas.
  • Escribe mucho todo lo que vaya surgiendo. Son días muy sensibles. Aparecen emociones que en el día ni siquiera dejamos aflorar.
  • Ve al sauna o turco. Hazte exfoliación. Ve a un buen masaje. Sal a caminar. Pasa mas tiempo en silencio, o busca un buen consejero para conversar.
  • Haz una clase de yoga suave.
  1. Cuándo sí y cuándo no hacerlo.
  • Si estás generalmente bien de salud, házlo una vez al año!
  • Si tienes dolores de cabeza, estado de ánimo bajito, y falta de energía, anímate pues  esta puede ser la solución.
  • NO hagas detox en lactancia o embarazo.
  • No lo hagas si tienes enfermedades graves (busca la asesoría de un experto)
  1. Qué más puedo comer y tomar durante el día?

Tu reto más grande será seguir el detox lo más fielmente posible. Recuerda que si pasas el día en calma y mayor quietud, tu cuerpo te pedirá menos calorías.

Para el día puedes tener a la mano té verde o cualquier aromática sin endulzante de ningún tipo y sin cafeína.

Por ningún motivo debes consumir café, chicle ni ojalá pastillas para controlar los síntomas del detox.

Si tienes mucha hambre, puedes consumir una manzana entre las comidas. Solo recuerda que entre menos tenga que digerir el cuerpo, mayor es el efecto de limpieza.

  1. Los días antes

Para empezar el detox ojalá no vengas de días de mucho consumo de alcohol, azúcar, lácteos. Igual puedes empezar, pero los síntomas serán muy fuertes, al igual que si consumes mucho café en tu vida diaria.

Si lo vas a programar de manera óptima, elimina: lácteos, azúcares, café y alcohol POR COMPLETO 3 días antes de iniciar y 3 días después de terminar.  

  1. Los días después

Para salir de un detox lo ideal es hacerlo de manera gradual. No quieres graduarte en Mc Donalds. Recuerda que tu cuerpo está más limpio que nunca. Abierto y dispuesto a recibir como un tesoro lo que entre en él.

Te recomiendo seguir con un shot antes de desayunar. Toma un jugo verde pequeño y luego puedes añadir una arepa con aguacate, hummus o tomate y aceite de oliva.

A la media mañana puedes empezar a comer una fruta suave como manzana o pera.

Al almuerzo añade arroz los primeros días y mas adelante plátano, papa o yuca.

Para el algo puedes añadir nueces o semillas o un mix sin dulce ni mucha sal.

Para antes de dormir elige una comida liviana. Puede ser un wok con verduras y ensalada. Una sopa HECHA EN CASA, como plato principal siempre será la mejor opción.

Para el resto de la vida

Vivir en un permanente detox es la forma más fácil de conquistar la salud. En la ley del 90-10, el 90% del tiempo consumimos productos naturales cuyo origen conocemos perfectamente, y guardamos el 10% para aquellos antojos de fin de semana. De esta manera no tenemos que matarnos haciendo ejercicio para quemar calorías, ni pasaremos malas noches de cuenta de la pesadez estomacal. En verdad piensa que el cuerpo es una máquina perfecta, a la que la mayoría del tiempo le ponemos DEMASIADO trabajo… y que encima pretendemos curar todas las enfermedades con pastillas (más químicos) para poder seguir el ritmo frenético en el que vivimos.

Si paramos un instante. Nos tomamos tiempo para bañarnos en calma, exfoliar la piel, preparar nuestra propia comida, (así sea a veces), si planeamos mejor el menú de la semana, si compramos snacks saludables, si le bajamos a la corredera, si vemos menos TV y leemos más, si nos vamos a la cama más temprano, si nos esforzamos por comer en un ambiente de calma y como parte de un ritual, si hacemos que la vida tenga más interés que el desayuno, el almuerzo y la comida…. Y sobre todo, si escuchamos más nuestro cuerpo en su inmensa y perfecta sabiduría… recibiremos a cambio una inyección de energía y una mente clara para realizar con determinación y sin duda, nuestra más real y verdadera misión.

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MODELO DE UN DETOX BÁSICO. (Ideal para quien nunca ha hecho uno antes)

  1. Empieza el día agradeciendo. Unos minutos de silencio en las primeras horas de la mañana tienen un efecto muy especial. Identifica qué hay en tu mente, qué la inquieta, cuales son sus lugares comunes, sus dolores, sus obsesiones. Conocer es la clave para transformar.
  2. Empieza tu rutina alimenticia con un “shot”, es una manera sencilla de iniciar el sistema digestivo y alcalinizar el cuerpo. Algunas opciones son: Wheatgrass (hierba de trigo), limón con pimienta de cayena o agua con bicarbonato.
  3. Toma un extracto de frutas y verduras. Estos jugos pueden hacerse en casa (ojalá), o conseguirse listos. La idea es que sea una relación mayor de verduras que de frutas. Los jugos verdes son los más indicados para un proceso de limpieza.  Tómalo con calma y asegúrate de quedar satisfecho.
  4. Prepara un termo con agua pura para llevar a la mano todo el día. Puedes adicionar limón, pimienta cayena y una pizca de sal marina.
  5. Para el almuerzo prepara una ensalada grande con todos los vegetales que te gusten. Los vegetales verdes ayudan muchísimo a la desintoxicación. Incluye Kale (coles), espárragos, champiñones, aguacate, remolacha y/o germinados para extra nutrición. Obtén la proteína de quinua, semillas de cáñamo o lentejas. Prepara una vinagreta con limón, aceite de oliva de buena calidad, sal marina y pimienta. Asegúrate de quedar satisfecho pero no te llenes demasiado. Espera un rato para tomar agua.
  6. Come temprano. Puedes hacerlo “a la hora del hambre” entre 6 y 7 PM así parezca muy temprano. Prepara una sopa de verduras sin papa ni yuca. Usa todas las verduras y hierbas aromáticas que quieras. Sofríe si deseas en aceite de coco. No uses caldos ni cubos ni sopas listas. Usa la ahuyama o las arvejas para espesar. Añade quinua o semillas de cáñamo como proteína.
  7. Escribe. Así creas que no lo haces muy bien. Escribe para ti, para crear un recuerdo de lo que está pasando. Escribe no solo en los 3 días del detox sino en los días siguientes en los que será muy claro si hay alergias y sensibilidades alimentarias que vale la pena evaluar y corregir. Aprovecha la claridad que habrá en tu mente. Probablemente también notes que existen personas y relaciones que te generan toxicidad. Aprovecha para tomar una sana distancia.
  8. Intenta dejar 12 horas de ayuno entre tu comida de la noche y el desayuno del día siguiente. Son horas muy valiosas que el cuerpo sabrá aprovechar.
  9. Repite esta rutina por 3 días completos, variando los alimentos cada día. Inicia el cuarto día con un desayuno más robusto, un poco de arroz o papa al almuerzo y algo sólido a la comida. Añade un alimento nuevo cada día, y observa especialmente aquellos que sospechas, puedan causarte sensibilidad.

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El ayuno es una herramienta de sanación muy poderosa y ancestral. El cuerpo pierde naturalmente el apetito cuando está enfermo, angustiado, asustado o en duelo. Los niños no reciben alimento y se acuestan unos días cuando se están sintiendo mal. En cambio los adultos ignoramos tanto el cuerpo y sus señales que perdemos el contacto con su instinto natural. En nuestro mundo loco y acelerado, donde manejamos tanta información, afán y estrés, y encima de todo comemos tanto y a deshoras, tomarse un tiempo de silencio e introspección “reinicia” el cuerpo y da la oportunidad de observarse a uno mismo desde otra dimensión más objetiva.

Aprovecha la liviandad del cuerpo y la serenidad mental de estos días para renovar tu compromiso de buscar todos los días, en todo lo que hagas, tu felicidad. Tu cuerpo es un vehículo perfecto que transporta lo más valioso que tienes, tu vida. No descuides tu cuerpo. No desperdicies tu vida. @yogalalma.

Días inesperados (viviendo Medellín fuera de la zona de confort)

¿Mamá, por qué te sigues equivocando? No sabía si reírme o llorar. Tomy se había dado cuenta de que estaba manejando en calles ciegas, devolviéndome por décima vez. Venía andando lo más despacio que podía, porque necesitaba llegar con los dos niños dormidos a la casa. Sé que por ecología debía guardar el carro pronto, pero estos días inesperados de corredera y planeación de último momento, me habían dejado exhausta (felizmente exhausta).

Guardar el 60% de los carros particulares por 12 horas cada día por 3 días no parece la solución adecuada para una ciudad que se está asfixiando en su contaminación. Es, en mi modo de ver, un “Dólex” para un cáncer, pero había que ayudar, con poco o con mucho.

Recuerdo que hace un año por la misma época entramos también en contingencia ambiental. En ese entonces Elisa había cumplido 6 meses y acababa de salir de la cínica después de 8 días hospitalizada con oxígeno 24 horas y nebulizaciones cada 2. Tenía deficiencia respiratoria causada por un virus de guardería que había traído el hermanito a la casa, y no sería nada del otro mundo si no fuera porque no se sabía si era más miedoso salir al aire contaminado-alerta roja de la ciudad, o quedarnos encerradas en El Rosario al lado de todos los niños enfermos de la zona. Finalmente salimos, con más advertencias que cuando la saqué recién nacida y ahora estrenándome en el miedo de verlos enfermos de verdad. 

Ayer viví un Dejavu al entrar en la misma clínica. Esta vez a visitar a la bebé de una amiga. Lamenté profundamente el cielo blanco y la ciudad opaca que le tocó de bienvenida a esta vida. Desde la ventana de su habitación no se podía ver el edificio del frente. Eran apenas las 11:30 AM cuando fui a conocerla, y yo ya llevaba muchos pasos recorridos. Había agendado para el 23 de marzo uno de esos días en los que cada segundo es oro sin saber que me quitarían la posibilidad de andar tranquila en el carro. A cambio de eso me había ido caminando a dar clase de yoga y caminando al gimnasio, ya me había bañado por segunda vez, había visitado a la princesa recién nacida y salía corriendo a dar una clase privada de yoga.

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Depronto el día no hubiera sido tan especial si hubiera sido común y corriente. Pero cuando nos obligan a replantearnos el esquema, todo toma un colorido distinto. A mí tanta caminadera, me dio ínfulas “Newyorkinas” y entré a mi clase del medio día con una energía muy feliz. Me habían pedido el favor de que enseñara yoga de niños a las profesoras de estimulación de Dinamikos. Y me empeliculé como me gusta, y me dediqué toda la clase a asegurarme de que estas mujeres pudieran transmitir mucho amor, mucha inspiración y absoluta consciencia a cada una de las mamás que participaran en sus próximas clases. Ya el día antes había escrito que todos tenemos el poder de cambiar el día de alguien, y quise aprovechar el efecto multiplicador de estas mujeres que reciben día a día a tantas mamás con sus niños.

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Al salir empezó a llover. Yo solo pensaba: “lluvia ácida”. No sé nada de contaminación, pero por las infografías que muestran, hay unas nubes pesadas que no dejan que el aire circule y salga del Valle de Aburrá. Pensé que todo eso me iba a caer encima, y que habían recomendado no hacer ejercicio al aire libre, pero así y todo caminé. Con la misma mochila que había empacado desde las 6 AM y con la ropa ya usada de 3 clases. Llegué a mi cita siguiente media hora más temprano. Como todo el mundo tenía su horario trastocado, había espacio y me pudieron atender. Llegué sudando y de pelo y ropa mojados, pero no me importó. Había logrado ahorrarme media hora y ya tendría más tiempo para mis hijitos.

Llegué a mi casa feliz, recargada, ilusionada de ver a los niños. Cocinamos juntos, mientras oíamos a lo lejos el juego de la Selección Colombia. 1-0 le ganó a Bolivia. ·”Perverso el juego”, fue la conclusión de los medios.

Mientras tanto, los niños y yo preparamos una torta de banano y unos brownies veganos con lo que había en la casa. Salir al mercado después de la maratón de mi día, no era una opción.

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Los terminamos y los empacamos para que llevaran a la guardería hoy. Ellos quedaron felices y todo les encantó. Yo volví a salir más tarde porque tenía el shower del bebé de otra amiga (Si! Estamos en etapa de reproducción). Como ya había dicho, había agendado demasiados compromisos para un día como hoy. Pero me probé a mí misma que si uno quiere, puede sacar tiempo para todo, y que si toca, se rebusca los medios. Esta vez salí en el carro, me tomé un vino, comí pizza (que casi nunca como), pasé como nunca y cerré este lindo, raro, hermoso día con broche de oro.

Había prometido las recetas, así que aquí van:

PAN DE BANANO

  • 3 bananos maduros, machacados con el tenedor hasta obtener una compota.
  • 2 huevos (de gallina feliz!!)
  • 1 taza de harina de arroz integral
  • 1/2 taza de harina de garbanzos
  • 1 taza de avena en hojuelas
  • 1/2 taza de panela en polvo
  • 1/2 taza de aceite de coco derretido
  • Pizca de sal, cucharadita de canela.
  • Opcional: nueces y frutos secos.
  • Mezcla todo sobre la compota de banano. Revisa la masa, que debe quedar espesita. Añade un poco más de harina o avena si lo ves necesario. (Yo no soy capaz de probar una masa cruda, así que todo es “al ojo”). Horneé en moldes de muffins a 35o grados. Los saqué cuando los ví redonditos y dorados y además estaban oliendo delicioso.

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BROWNIES/BARRITAS RAW

  • 1 taza de almendras crudas (sin tostar)  y sin sal
  • 1 taza de semillas de girasol crudas y sin sal
  • 1/2 taza de pasas
  • Procesar estos 3 ingredientes hasta obtener una arena gruesa. Luego añadir:
  • 4 cucharadas de cacao puro sin azúcar.
  • 1/3 de taza de aceite de coco derretido.
  • 1/3 de taza de agave o miel de abejas.
  • 1 cdita de esencia de vainilla
  • Mezclar todos los ingredientes nuevamente en el procesador. Debe quedar una masa como plastilina, moldeable, pero com trozos visibles de los ingredientes. Si te gusta el crocante, añade:
  • 1 puñado de nueces del Nogal, más almendras o nueces del Brasil, cortadas con cuchillo en trozos grandes.
  • Aplanar con una cuchara en un molde refractario. Llevar a la nevera de un día para otro. Partir en cuadritos, como una granola. Guardar en la nevera (mientras duren, no creo que sea mucho)

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Hoy fue un día más típico, pero igual terminé exhausta. Necesitaba escribir, leer, sacar un ratito para estar sola. Por eso arrullé a los niños en el carro de venida del paseo de la tarde y me prometí no volver hasta no haberlo logrado. Me decidí a sacar momentos para mí todos los días y esta fue mi manera de lograrlo. Por otro lado, Medellín me preocupa, pero me tranquiliza el alma saber que en algo, mínimo he aportado. @yogalalma

Garbanzos, tahine y una sopa de ideas

No quiero ser bloguera de comida. Nunca ha sido mi intención. Pero lo que si me apasiona es todo lo que se mueve alrededor de la comida, la cocina, la mercada, la salud, la familia alrededor de la mesa, y los beneficios (o maleficios) que todo esto puede traer después.

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Dicen que el que come solo, muere solo. Seguramente tienen razón. No porque sea de mala suerte comer solo, sino porque compartir el momento completo de la comida es de los programas que mas convoca y de los más deliciosos que hay. Los que cocinamos no lo hacemos tanto por el gusto de ese momento, sino por la satisfacción de ver a alguien probar y saborear tus recetas. Y alrededor del alimento se va yendo la vida, se van tejiendo amistades y amores, se intenta arreglar el país mientras se enseña a los hijos a tener buenos modales.

Así que, ¿en qué momento la comida se volvió un karma? ¿Desde cuándo una cena es una malteada? Algunos creen que los que decidimos alimentarnos más sano comemos lechuga batavia con zanahoria rallada. En verdad eso sólo nos pasa en los asados, cuando no contaban con un vegetariano y sacan lo primero que ven en la nevera. De resto, y cada vez más, el mundo es un lugar fascinante para explorar la infinita creatividad de los chef de comida sana que son capaces de llevarlo a uno de viaje con el primer bocado.

La cara de felicidad y placer de los invitados siempre pagará por el esfuerzo en la cocina, por el olor a ajo en las manos, por las uñas siempre desarregladas y por la plata (más de la cuenta) invertida en antojos varios e implementos de cocina, que (tal vez) jamás estrenaré. Cocinar es mi terapia: en el momento en que estoy sola picando una piña, saboreándome mi taza de té chai mientras cocino, encuentro mi momento especial del día y de cierta manera, mi meditación.

Esta semana hice Hummus árabe desde cero. Documenté el paso a paso para compartirlo. Cada ingrediente es tan delicioso por sí solo, que el resultado no puede defraudar. Además las posibilidades de  usarlos por separado en medio de la preparación son tantas, que por una semana se puede comer “de lo mismo, pero de diferente manera”, sin temor al aburrimiento.

  1. ME GUSTA TODO DE CERO. En un principio porque sé que casero es mejor. Luego, porque me gusta ensayar y saber que soy capaz. Finalmente porque si no resulta, siempre está la posibilidad de comprar insumos ya listos (o de seguir ensayando), y al menos aprendo de dónde viene todo lo que me venden preparado. Para preparar EL TAHINE DE AJONJOLÍ licué por un muy buen rato 2 tazas de ajonjolí apenas ligeramente tostado. Hay que estar pendiente y ver cómo éste primero se vuelve una arena fina y luego, con el calor y el movimiento, va soltando la grasita, pegándose a los bordes, y finalmente volviéndose una pasta pegajosa. En ese punto le pongo un chorrito de aceite de oliva, sal marina y pimienta. image1.jpeg

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2.TAHINE DE AJONJOLÍ. El sabor de esta pasta espesa me transporta a otro planeta. Me lo podría comer a cucharadas pero no todo el mismo día, porque tiene un sabor penetrante y muy característico. Para preparar una vinagreta deliciosa, basta licuar una cucharada generosa de esta pasta con 1 taza de Balsámico. También queda delicioso cambiando el Balsámico por Vinagre de cidra de manzana. Para salir de todo el mismo día, usa la licuadora aún untada con los restos del pegote del tahine, para hacer la vinagreta.

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3.GARBANZOS. Pueden ser de lata, pero yo los compro secos. Los remojo toda la noche, les cambio el agua y los pito en la olla a presión por 30-40 minutos. Deben quedar blandos para dar cremosidad. Siempre reservo una parte para hornear con aceite de oliva, sal, pimienta y paprika: quedan crocantes y saben increíble como snack o en la ensalada. También aprovecho a veces para hacer una sopa de garbanzos con vegetales y hogao. 

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4.HUMMUS. Separo 2 tazas de garbanzos y los llevo al procesador con 2 cucharadas del tahine de ajonjolí, el jugo de 2 limones (1 más o 1 menos, es cuestión de gustos), 3 dientes de ajo rallados en mi mini rallador (parece robado de la barbie), sal y pimienta. Algunos recomiendan 1 cucharadita de comino (pero que sea de buena calidad). Si el procesador se pega, se puede poner un poco más de líquido: aceite de oliva, jugo de limón o incluso, agua. La clave aquí es probar.

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5. GUARDAR. Yo cocino en cantidades grandes sin miedo. Guardo un poco en un frasco de vidrio en la nevera para uso inmediato. Amo el hummus como entrada con pan pita, palitos de zanahoria, apio o manzana. También queda delicioso en la ensalada, en la arepa o como salsa de un sánduche. Aparte lo que queda lo guardo en bolsitas de cierre bien planitas en el congelador, marcadas con la fecha, para sacar en cualquier momento para mí, para regalar o para dar a la visita.

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Mis hijos han consumido Hummus desde muy bebés. Eli, de un año y medio, a veces sólo quiere desayunar Hummus a cucharadas. Sé que tiene ahí su proteína completa, que el ajonjolí es además rico en calcio, zinc y grasas saludables. Mis amigas a veces me piden que les reserve un frasquito para tener en la casa. Esta receta siempre es ganadora en las clases de cocina, y el secreto está en ensayar, probar y ajustar.

No hay nada más exitoso que una receta hecha con amor, ahí entrega uno un pedacito del alma.

“Cocinar con amor, alimenta el alma”, y ser un buen cocinero te asegura, al menos en vida estar siempre acompañado! @yogalalmaimage5.jpeg