El terrible error de “pobrecitiar” a los demás

Todos tenemos momentos duros en nuestra historia personal, algunos más que otros. Durante estos tránsitos necesitamos “muletas” que nos ayuden a caminar a través del dolor para luego, si estamos de suerte, recuperar el rumbo de la vida. Sin embargo muchos se identifican tanto con sus “muletas”, con su dolor, que no logran deshacerse de él, a pesar de haberlo superado. Estas personas se vuelven adictas a la lástima, la necesitan para sentirse importantes, validados y amados. Por otro lado, los demás se acostumbran al acento lastimero: “pobrecito” se convierte en la manera como disculpamos a los demás. En este capítulo les comparto porque el acento lastimero es una herencia inconsciente pero también un error.

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