Ser el personaje inconveniente “Constelaciones familiares”

Este año me sorprendió con un nuevo papel para mí. Yo había sido difícil, rebelde, hasta grosera, tengo que aceptarlo, ¿pero inconveniente? jamás. O al menos, eso creo.

Con el yoga incluso me había acostumbrado a ser altamente complaciente, a ceder y a preferir por encima de todo la paz. Pero esta vez no lo elegí, todo cayó así, de repente.

Por parte de la salud de mi papá no tengo una sola queja. Aunque el 9 de diciembre de 2017 tuvo un muy serio infarto cerebral, a mí solo me caben agradecimientos de tenerlo vivo, caminando y encima, trabajado. No puedo mirar con ojos de pesar su cojera, ni su hablar arrastrado, ni su temperamento iracible. Cada día que pasa, por el contrario, soy feliz de saberlo cerca, disfrutando de sus nietos, proponiendo viajes y planeando el futuro. Si bien lo dije el año pasado, lo repito sin miedo: mi papá se ganó la lotería.

Pero ese mismo suceso, como todas las crisis familiares, destapó un problema subyacente, en el que todos se hacían los bobos y hablaban a las espaldas, una guerra fría que nos venía distanciando sin que ninguno se atreviera a ponerlo sobre la mesa. Entonces yo, días después, cargada de emociones, de miedos y sobre todo, hastiada de tanta falsedad, y desesperada por encontrar apoyo en medio de lo que creímos, eran los últimos días de mi papá, envié una carta que fue el florero de Llorente y me hizo merecedora del premio de “culpable”, por una inundación que jamás causaría un florero quebrado. No señor, ese río hace rato venía desbordando. Pero eso apenas lo aprendí hace poco.

Mientras lo aprendía, conocí el miedo más grande del ser humano, un miedo que encalambra las entrañas y hace temblar los pies. Un miedo tan arraigado e instintivo, que no supe cómo manejarlo. Gracias a mi carta, a la inundación provocada y al desastre posterior, pude entender el miedo de perder la tribu, el pavor de sacudir las raíces donde te creías a salvo y peor que todo eso la dolorosa certeza de estarme convirtiendo en un personaje inconveniente en mi adorada familia paterna. Y eso no me combinaba con mi yoga, con mi ser pacífico, con mi tonto deseo de agradar. No me combinaba con el amor inmenso que le había tenido a mi familia completa ni a lo que creía haber sembrado en ellos hasta el momento.

Y toqué las puertas, y pedí disculpas, pero ninguna de las dos oportunidades se me dio. Y yo no estaba ni siquiera arrepentida, pero nuevamente prefería la paz que se me estaba yendo de la vida , aunque quedara crucificada mi verdad en la garganta. Hice todo lo que pude y creí conveniente, y la respuesta siempre fue NO.

Y un día me acordé que yo había pedido aprender y avanzar y lo tomé como el precio para la purificación de mi alma. Quise creer que era un aprendizaje. Opté verlo como algo que igual tenía que vivir. Abracé a mis hijos más fuerte que nunca, queriendo robarme un poco de su paz e inocencia para mí, pero tengo que decir que ni una sola estrategia le regaló paz a mi vida. Y entonces saqué el podcast y en cada tema que hablaba, hablaba un poco de mí y de la necesidad de exorcizar este cuento. También escribí para mí y para el que quisiera leer y sanarse desde mi experiencia. Y al menos, dije, que de todo esto salga algo bueno, porque ya sé que la solución que yo estaba esperando, se me estaba demorando y no iba a llegar de la manera como la pedía.

Muy adelante en octubre pude por fin sacar tiempo para una cita en constelaciones familiares, regalarme 5 horas, contar la historia sin miedo a ser juzgada y llorar. En esa hermosura de terapia aprendí a soltar el papel de Mujer Maravilla y el deseo de arreglarlo todo para entender una vez más, que la vida tiene sus ritmos y que no siempre el mío es el adecuado. En este proceso aprendí también que en todas las familias del mundo hay un personaje inconveniente y que ser comunicadora, en una familia donde nadie habla, me hizo ser la candidata perfecta. Aprendí a perdonar sin que me pidieran perdón, solo por mi propia paz y sobre todo confirmé que convertir en servicio, el dolor propio, es la mejor manera para aliviar los dolores del alma.

Aún estoy lejos de sanarme por completo, pero al menos ya entendí con tranquilidad que las cosas no necesariamente volverán a ser como antes y que eso está bien. También he entendido que todo está en constante movimiento y que lo que está pasando hoy, viene tejiéndose desde hace muchos días. Ya sé que lo que hoy sucede es tan solo el producto final de muchos hilos que se han tejido interna y colectivamente en el tiempo.

Así que aquí estoy. Imperfecta. Falible y sobre todo altamente inconveniente. Sabiendo que también este es un disfraz provisional que me prestaron para entrar en la obra más compleja que he enfrentado hasta ahora. Agradeciendo a la vida que me confió este papel, aunque aún no pueda entender muy bien cuándo presenté el casting.

Los invito a que disfruten de la sabiduría de la terapia de constelaciones a través de Luz Marina Bravo, haciendo click en el siguiente enlace:

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Un comentario en “Ser el personaje inconveniente “Constelaciones familiares”

  1. Aceptando este podcast que recibo como regalo de navidad y como un ejercicio más de escuchar sin juzgar ni a mi propia vida ni la de nadie.. gracias, gracias, gracias. por estas herramientas encaminadas a limpiar, a sacar lo mejor, a ver cada dolor como una oportunidad para sanar. Inmensamente tranquila y desarmada para continuar construyendo

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