Mi regalo para ti, que te gustan las princesas: una mamá REAL

Este mes mi bebé que ya no lo es, cumple 2 años. Seguramente le prepararé una fiesta como se la sueña con “Rapunzel y los enanos”. También terminaré comprándole algo para ella, que disfruta con collares, pulseras, balacas, chocolates, muñecos. Como una niña normal. Pero lo mejor que voy a regalarle a mi niña linda es la mejor decisión de mi vida: voy a regalarle una mamá sana mentalmente, una mujer que pueda ser su ejemplo a seguir. Una piedra en la que pueda apoyarse cuando empiece a entender cómo funciona el mundo y probablemente el concepto de si misma empiece a flaquear.

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Voy a regalarle la certeza de que hay cosas más importantes y valiosas que la belleza y que si construye su autoestima desde adentro, no habrá viento ni marea que la pueda amenazar.

Eli nació el 25 de septiembre de 2015. Era toda rosadita. Mi papá le decía Mi Rosita. Yo no había visto una bebé mas hermosa en la vida. Claro, era mi hija. Y en la traba hormonal de mamá recién parida, mis ojos la contemplaban con el orgullo de no conocer belleza igual. Hoy veo las fotos y digo: las hormonas si nos hacen la jugada, porque ella era una bolita rosada, pero nació también muy hinchadita.

Con los días, se pasan las hormonas y mis ojos de mamá trasnochada empezaron a notar que sus ojos claros se oscurecían, que las orejitas se despegaron de la cabeza y además se agacharon en las puntas. Su pelo delgadito, se empezó a encrespar. Y con esto, llegaron los comentarios amorosos e inofensivos, pero demasiado pegados de lo que se espera de un bebé Jhonson, para ser verdad.

– Pensé que iba a ser mona como la mamá. Yo fui mona hace 30 años, y con tanto gen oscuro, no había forma, de verdad.

Y ese pelo crespo, qué vamos a hacer con él? Ya la motilaste? Hay que volverla a tusar!! A quién se lo sacaría? Mira la mitad de sus genes traen un pelo crespo y grueso. Otra cosa es que el alisado sea hoy el uniforme y no lo podamos notar.

Ya viste que venden unos stickers para pegarle las orejitas?

  • No le voy a hacer nada. Ella es hermosa y me gusta tal y como vino en su empaque original.

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Y para mí, que ya había tenido mi segunda hija, también empecé a oír insinuaciones de latonería y pintura: arréglate todo lo que no te guste, borra las huellas que el embarazo te dejó.

Yo decidí esperar un poco y ver como pasaba el tiempo. No tenía ni alientos de salir a hacer ejercicio, mercar o trabajar, menos aún de pensar en eso.

El tiempo pasó y decidí que no quería silicona, que templaría mi barriga con lo que el ejercicio feliz y sano pudiera lograr... Pensé que me echaría cremas para borrar las manchas de la cara producidas por las hormonas del embarazo, que volvería a mi yoga a mi rutina de ejercicio. Prometí que no me pasaría de ahí. Que siempre que hiciera deporte me iba a ir con ganas de más. Que no me daría el lujo de exprimir la preciada energía de mamá en un gimnasio, porque mis hijos me iban a necesitar.

Ya han pasado dos años y sé que hay huellas que a punta de métodos “naturales” no las borra nadie, pero también entendí que el precio de ser perfecta es algo que no quiero pagar. Ya quiero alimentarme de una manera saludable pero muy sencilla que permita que mis hijos quepan en ese estilo de vida y que yo quepa en el de ellos. Con helados y antojos compartidos, y no con la patética escena de toda la familia comiendo en un restaurante y la mamá comiendo ensalada.

Quiero amarme tanto, que resista el huracán social y el boom demente de todo tipo de procedimientos estéticos que prometen cuadritos, rallas, y porcentajes de grasa que se salieron de la realidad. Tendré la piel asoleada solo cuando llegue de las vacaciones, estaré arreglada, maquillada y peinada cuando tenga una fiesta o una ocasión que celebrar. De resto, seré todos los días UNA MUJER REAL.

Quiero que mi hija crezca sabiendo que leer cosas profundas es una opción, que las conversaciones del alma, son una bendición, que andar hablando pequeñeces nos reduce, y nos quita el tiempo de aprender. Que la piel se arruga, que el cuerpo cambia con los años, que el gimnasio y el ejercicio son herramientas que nos vigorizan y nos alivian el corazón. Pero que no son la razón de ser de nuestra vida. Quiero que sepan que sudar es una delicia y que comer también lo es.

Quiero que sepa que el arroz, las papas y la yuca no son veneno. Que una malteada de proteína no es desayuno para nadie. Que hay vida después de la avena. Que las frutas son deliciosas y que hay que consumirlas, y que su porcentaje de azúcar no nos incumbe en esta casa. Que está bien comer dulce, no solo cuando somos niños. Quiero que sepan que en nuestra casa no pesamos ni medimos los alimentos, que el aguacate es ilimitado, que para nosotros no existen los productos light. Que contar las almendras es quitarle felicidad a la existencia y que una manzana verde como una única media mañana, es una penitencia que no tiene que pagar.

Como mis hijos nacieron en la generación que tiene todo al alcance de la mano, quiero que sepan que lo que SOMOS cuesta esfuerzo, y no les va a llover del cielo la inteligencia ni la prosperidad. Ya sé que ellos no tendrán que esperar al otro día para ver el capítulo de una serie, ni tendrán que hacer filas en el banco, y tampoco tendrán que estar en casa al lado del teléfono esperando la llamada del novio, pero si deberán aprender a discernir entre tantas opciones que les prometen felicidad. A esta generación del todo YA, todo perfecto, tendré que demostrarle con hechos y con ejemplo que el esfuerzo más grande es encontrar balance entre cuidarse, disfrutarse y amarse VS montarse en un tren del que quizá jamás vayan a poderse bajar.

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Mira Elisa. Yo he visto de todo en esta vida. Desde la dieta del atún y la piña, hasta una malla que la gente se pone en la lengua cuando no quiere comer más. Liposucciones a los 15, y cirugías plásticas cuando el cuerpo ni siquiera se había acabado de formar. He visto niñas de 15 vestidas con zapatos, bluyines y carteras que ni en sus primeros 2 años de trabajo podrían pagar.

Yo también caminé por allí, di unos pasos en busca del amor propio en las cosas de afuera, busqué mi identidad en lugares equivocados, ya sé que la autoestima se nos esfuma a cierta edad. Pero me devolví cuando descubrí que ese camino no tiene final. Juramos que nos amaremos por fin cuando tal o tal cosa pase.

Empezamos pensando que batallamos tan solo con unos kilos de más, pero después queremos el cuerpo más marcado, y más tarde el color de piel que más luce, y ya tan flaca, “con cuerpo de niña”, toca resolver la falta de cola y de busto… y “ya que” estamos en esto, un poco más de proteína para los cuadritos tal vez. Y la piel de la cara, que no te delate, porque pareces de 15. Y uno tan perfecto, tan hermoso, necesitará seguramente un vestier más grande que el cuarto principal. Este NO es un camino hacia el amor propio, ni un imán para seducir, ni el boleto para “pertenecer”, ni una receta para la felicidad.

Seré feliz si mi hermosa Elisa, logra ver su belleza con los ojos que yo la veo. Con tanta claridad, con tanta honestidad, que no logro separar su empaque de esa belleza de personalidad.

Y mientras lo logro- aquí estaré yo, de piedra, de ejemplo, para hacérselo recordar.

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6 comentarios en “Mi regalo para ti, que te gustan las princesas: una mamá REAL

  1. Anaisa,
    Nunca hemos hablado, solo hemos cruzado saludos… trotando o en el gimnasio, porque compartimos el mismo gusto e intención con el deporte. Disfrute total!
    Hace unas pocas semanas te sigo en instagram y apenas hoy leo tu blog… y cada vez que te leo siento más conexión con tus mensajes. Además de que escribes hermoso, la profundidad de tus palabras me llegan como anillo al dedo.
    Gracias por esas reflexiones tan importantes, aterrizadas, coherentes y pertinentes para este ritmo de vida tan loco en el que nos estamos montando, y a la vez montando a nuestros hijos.
    Cuando te vea te diré que soy la lectora que está encantada con tus mensajes. Seguiré atenta …y seguiré contagiando a mis amigas de que te lean…
    saludos de mucha admiración.
    Palita

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  2. Anaisa, me encantó tu artículo! No solo el mensaje tan profundo sino lo bien que escribes. Yo también tengo una pequeña Elisa y me encantó este “recorderis” de lo que realmente es importante… Hoy descubrí tu blog, felicitaciones!

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    1. Gracias por escribirme! Qué rico que nos conectemos por aquí. Somos absolutamente responsables de toda la información que ponemos en la cabecita de nuestras Elisas en estos primeros años de su vida!! Soy feliz de que lo que tengo para contar, tenga significado para ti… 💗

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