Con qué vamos a llenarnos- una respuesta que seguimos buscando.

Esta vez fui a conocer a Mickey Mouse. A conocerlo, como si estuviera viéndolo por primera vez. Porque cuando fui a Disney chiquita, ya no era tan chiquita.

En ese entonces hice firmar la libreta de los muñecos, sabiendo que no eran de verdad. Quise imaginarme que vivía la fantasía y pues en todo caso eso era lo que hacían mis amigas que ya habían ido tantas veces. Y uno a los 11 años muere por ser como ellas. 

Ver a Mickey a través de los ojos de mis hijos fue sencillamente magia. Todo lo que se diga de ese día es poquito. Si Walt Disney y su equipo no son genios, son el estado que sigue hacia abajo, porque han creado un universo completo, donde la gente toda, grandes y adultos, y viejitos, y bebés se olvidan de sus achaques, del calor y de las filas, de la vergüenza de ser “mañes” o infantiles, y se entregan con su corazón a disfrutar. Y eso, en la era del aburrimiento y la desconexión, es oro. Para la mente queda por siempre impresas las memorias de estos días que tanto te hicieron sentir. Porque lo que captan los sentidos será efímero, pero lo que sentimos es una huella indeleble en el alma.

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Después de esos días felices de parque y montañas rusas, nos quedamos unos días más, en el país donde todo funciona. Donde los colombianos chorreamos la baba por autopistas de 6 carriles sin huecos ni tapas, por supermercados que son más provocativos que el comercio y un comercio que es capaz de vendernos de todo antes de enterarnos de que estamos arruinados.

Y me empezó a pasar lo del muchachito de Sexto Sentido… Y podrá sonar cruel, pero voy a decir porqué no lo es.

“I see dead people”- Empecé a ver gente muerta.

Señores y señoras y peor que eso, niños, tan hinchados, obesos, enfermos, que sus pies no caben en los zapatos, con tobillos y codos invisibles, con pieles enrojecidas, irritadas. Con rodillas que no aguantan sus pesos, y por eso a pesar de lo jóvenes, andan en sillas eléctricas. Ropa de tallas que en Colombia no existen. Ojos perdidos entre cachetes. Barrigas descomunales. Detrás de papás y mamás así, venían 2, 3 hijos iguales en la versión de sus edades. Y no era una familia por ahí de vez en cuando. No, eran MILES.

Muchas de estas personas estoy segura de que no pasaban de los 40 años. Adivino su edad con base en la edad de sus hijos, porque es difícil descifrarla ya que su piel y su cuerpo hablan de un lenguaje desconocido.

Y, aunque esto de la obesidad no es noticia, si golpea que un país tan desarrollado, tan perfecto en tantos otros aspectos, tenga un vacío tan inmenso, una enfermedad tan grave y tan creciente y peor aún, que sea el modelo a seguir de este lado del mundo.

Porque no nos digamos mentiras, la apertura de sus marcas en Colombia, ha puesto a miles a hacer fila por cuadras. Todavía me acuerdo de lo que fue la llegada de Mc Donalds, y más recientemente de Krispy Kreme o de Starbucks (muy a pesar de que el mejor café del mundo ya lo teníamos aquí).

Si quiero anotar que afortunadamente muy a la par ha ido llegando la “moda” del jugo verde, lo saludable, lo orgánico. La locura por la chía, el Hemp o la Spirulina, de la cual hago parte, ha venido a compensar un poco ese legado tan GRUESO, que nos estaba enfermando.

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Mi punto es pues que detrás de la obesidad hay dos elementos que vienen profundamente conectados:

  1. La alimentación emocional: comer para tapar vacíos, tristezas, carencias. Comer para celebrar. Comer para olvidar. Comer por aburrición. Comer escondidos por vergüenza. Comer parados y de afán porque el estrés no nos deja sentar. Comer sin hambre. Comer en el borde de la silla. Comer sin disfrutar siquiera el primer bocado. (Y en este primer punto hemos caído todos, por momentos)
  2. Que comer es una adicción hoy, y que en vez de atacar la industria de la comida (que siempre va a existir, mientras sea rentable), hay que invertir lo que sea necesario en contrarrestar la y que la causa la compartimos todos, en alguna escala, en algún nivel. Esta causa la narra increíblemente bien el periodista inglés Johann Hari en su discurso de Ted Talks: Everything You Think You Know About Addiction Is Wrong, (www.tedtalks.com) . La causa, según Hari, es la desconexión. El vacío tan tremendo que causa el sentirse solo, perdido, avergonzado, sin propósito en la vida, sin interés más allá del desayuno, el almuerzo y la comida. La gente se siente sola! Y no lo sabe expresar. La gente necesita tener lazos afectivos que le permita alejarse de toda la basura que usa para llenarse, y suplir su necesidad de amor con amor, de dinero con dinero, de trabajo con trabajo, de sueño con sueño, de salud con salud, de hijos con hijos, de pareja con pareja… y no solo con comida (en éste caso), porque bien sabemos que hay otras opciones iguales o peores para hacer creer a la mente por un ratico que todo está bien.

Al cuerpo se le puede engañar o “contentar” de muchas maneras. Ante una tristeza o una enfermedad, recibimos regalos, chocolates, tortas, galletas. A veces flores, si estamos de buenas, tarjetas. Momentáneamente todas esas atenciones llenan vacíos. La comida es igualmente una manera muy bonita de celebrar y de demostrar amor.

Pero el alma, la tripa, nunca miente. Ahí en el fondo queda el vacío, el “pendiente”. Al duelo hay que hacerle el duelo. A la vida sin sentido, hay que buscarle el vuelo. Porque cada hilo suelto, cada problema no resuelto, es una gota, que rebosa y que finalmente suelta un caudal que destruye al ser por dentro.

Me gusta muchísimo la cuenta de Instagram @yrsadaleyward. Hace poco posteaba una foto que decía: “La respuesta raramente es alguien más”… y así es. Todos necesitamos pegarnos de algo. Y pues por cliché que suene, ese algo está dentro, no en alguien, y menos en ALGO más. Llámelo como quiera, Dios, espiritualidad, yoga, reiki, misión de vida, alma, llamado, profesión, talento. En la universidad hice un trabajo en la cárcel y me impactó ver la FE que tiene esta gente. Y es que les cierran la puerta del mundo. Ellos o miran para dentro de si mismos y buscan respuestas, o mueren de desesperanza y dolor. Nosotros, seres libres, tenemos toda una gama de posibilidades. El mundo está ahí para nosotros. Es nuestro para disfrutarlo y vivirlo, no para dejarnos poseer por él, envolver, perder, hasta el punto de haber nacido sanos y completos y después no poder caminarlo porque hemos comido hasta destruir el cuerpo.

Vuelvo a Mickey, que me hizo tan feliz. Me devolvió a mi infancia y me mostró el brillo más brillante de los ojos de mis hijos. Y sé que, aunque ellos son fuente irrebatible de felicidad, ni siquiera ese amor tan perfecto es la conexión que buscamos, porque a veces en su nombre, descuidamos nuestro ser real. Qué mal poner en ellos la responsabilidad de nuestra realización humana, cuando son apenas un instrumento prestado para poner música a la vida. Nuevamente, como para que nunca se nos olvide: “La respuesta raramente es alguien más”. 

Seguimos buscando.

 

2 comentarios en “Con qué vamos a llenarnos- una respuesta que seguimos buscando.

  1. Anaisa es increible el tema de la comida. Yo me he vuelto un poco como tu, medio obsesionada con el tema y cada vez que leo más, más me sorprendo y hasta asusto, no sólo por la cantidad de veneno que comemos sino porque todo lo social gira en torno a esto, lo más dificil de cambiar los hábitos por hábitos sanos es que todo el mundo te mira como bicho raro, tienes que dar explicaciones, “cómo asi que no comes lácteos, como así que no comes pan….?”, Todo gira en torno a la comida o casi que la comida gira en torno a nosotros, es un reto muy grande como personas y más aún como mamás abrir trocha y cambiar todos esos paradigmas….

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    1. Si Naty. Es loco. Casi una religión. Yo he optado por no “evangelizar” a nadie y así me siento con derecho a no ser cuestionada tampoco. Siento que he elegido lo mejor para mi vida y la de mis niños y que será cada quien, entre las paredes de su casa, quien ponga orden a esta terrible enfermedad de ansiedad y malas elecciones en la comida. Creo que más que en elecciones, la educación y la trocha deberá abrirse en cuanto al respeto por las elecciones que de su salud, vida, sexualidad, gustos y carrera, hagan los demás 🙂

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