Días inesperados (viviendo Medellín fuera de la zona de confort)

¿Mamá, por qué te sigues equivocando? No sabía si reírme o llorar. Tomy se había dado cuenta de que estaba manejando en calles ciegas, devolviéndome por décima vez. Venía andando lo más despacio que podía, porque necesitaba llegar con los dos niños dormidos a la casa. Sé que por ecología debía guardar el carro pronto, pero estos días inesperados de corredera y planeación de último momento, me habían dejado exhausta (felizmente exhausta).

Guardar el 60% de los carros particulares por 12 horas cada día por 3 días no parece la solución adecuada para una ciudad que se está asfixiando en su contaminación. Es, en mi modo de ver, un “Dólex” para un cáncer, pero había que ayudar, con poco o con mucho.

Recuerdo que hace un año por la misma época entramos también en contingencia ambiental. En ese entonces Elisa había cumplido 6 meses y acababa de salir de la cínica después de 8 días hospitalizada con oxígeno 24 horas y nebulizaciones cada 2. Tenía deficiencia respiratoria causada por un virus de guardería que había traído el hermanito a la casa, y no sería nada del otro mundo si no fuera porque no se sabía si era más miedoso salir al aire contaminado-alerta roja de la ciudad, o quedarnos encerradas en El Rosario al lado de todos los niños enfermos de la zona. Finalmente salimos, con más advertencias que cuando la saqué recién nacida y ahora estrenándome en el miedo de verlos enfermos de verdad. 

Ayer viví un Dejavu al entrar en la misma clínica. Esta vez a visitar a la bebé de una amiga. Lamenté profundamente el cielo blanco y la ciudad opaca que le tocó de bienvenida a esta vida. Desde la ventana de su habitación no se podía ver el edificio del frente. Eran apenas las 11:30 AM cuando fui a conocerla, y yo ya llevaba muchos pasos recorridos. Había agendado para el 23 de marzo uno de esos días en los que cada segundo es oro sin saber que me quitarían la posibilidad de andar tranquila en el carro. A cambio de eso me había ido caminando a dar clase de yoga y caminando al gimnasio, ya me había bañado por segunda vez, había visitado a la princesa recién nacida y salía corriendo a dar una clase privada de yoga.

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Depronto el día no hubiera sido tan especial si hubiera sido común y corriente. Pero cuando nos obligan a replantearnos el esquema, todo toma un colorido distinto. A mí tanta caminadera, me dio ínfulas “Newyorkinas” y entré a mi clase del medio día con una energía muy feliz. Me habían pedido el favor de que enseñara yoga de niños a las profesoras de estimulación de Dinamikos. Y me empeliculé como me gusta, y me dediqué toda la clase a asegurarme de que estas mujeres pudieran transmitir mucho amor, mucha inspiración y absoluta consciencia a cada una de las mamás que participaran en sus próximas clases. Ya el día antes había escrito que todos tenemos el poder de cambiar el día de alguien, y quise aprovechar el efecto multiplicador de estas mujeres que reciben día a día a tantas mamás con sus niños.

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Al salir empezó a llover. Yo solo pensaba: “lluvia ácida”. No sé nada de contaminación, pero por las infografías que muestran, hay unas nubes pesadas que no dejan que el aire circule y salga del Valle de Aburrá. Pensé que todo eso me iba a caer encima, y que habían recomendado no hacer ejercicio al aire libre, pero así y todo caminé. Con la misma mochila que había empacado desde las 6 AM y con la ropa ya usada de 3 clases. Llegué a mi cita siguiente media hora más temprano. Como todo el mundo tenía su horario trastocado, había espacio y me pudieron atender. Llegué sudando y de pelo y ropa mojados, pero no me importó. Había logrado ahorrarme media hora y ya tendría más tiempo para mis hijitos.

Llegué a mi casa feliz, recargada, ilusionada de ver a los niños. Cocinamos juntos, mientras oíamos a lo lejos el juego de la Selección Colombia. 1-0 le ganó a Bolivia. ·”Perverso el juego”, fue la conclusión de los medios.

Mientras tanto, los niños y yo preparamos una torta de banano y unos brownies veganos con lo que había en la casa. Salir al mercado después de la maratón de mi día, no era una opción.

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Los terminamos y los empacamos para que llevaran a la guardería hoy. Ellos quedaron felices y todo les encantó. Yo volví a salir más tarde porque tenía el shower del bebé de otra amiga (Si! Estamos en etapa de reproducción). Como ya había dicho, había agendado demasiados compromisos para un día como hoy. Pero me probé a mí misma que si uno quiere, puede sacar tiempo para todo, y que si toca, se rebusca los medios. Esta vez salí en el carro, me tomé un vino, comí pizza (que casi nunca como), pasé como nunca y cerré este lindo, raro, hermoso día con broche de oro.

Había prometido las recetas, así que aquí van:

PAN DE BANANO

  • 3 bananos maduros, machacados con el tenedor hasta obtener una compota.
  • 2 huevos (de gallina feliz!!)
  • 1 taza de harina de arroz integral
  • 1/2 taza de harina de garbanzos
  • 1 taza de avena en hojuelas
  • 1/2 taza de panela en polvo
  • 1/2 taza de aceite de coco derretido
  • Pizca de sal, cucharadita de canela.
  • Opcional: nueces y frutos secos.
  • Mezcla todo sobre la compota de banano. Revisa la masa, que debe quedar espesita. Añade un poco más de harina o avena si lo ves necesario. (Yo no soy capaz de probar una masa cruda, así que todo es “al ojo”). Horneé en moldes de muffins a 35o grados. Los saqué cuando los ví redonditos y dorados y además estaban oliendo delicioso.

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BROWNIES/BARRITAS RAW

  • 1 taza de almendras crudas (sin tostar)  y sin sal
  • 1 taza de semillas de girasol crudas y sin sal
  • 1/2 taza de pasas
  • Procesar estos 3 ingredientes hasta obtener una arena gruesa. Luego añadir:
  • 4 cucharadas de cacao puro sin azúcar.
  • 1/3 de taza de aceite de coco derretido.
  • 1/3 de taza de agave o miel de abejas.
  • 1 cdita de esencia de vainilla
  • Mezclar todos los ingredientes nuevamente en el procesador. Debe quedar una masa como plastilina, moldeable, pero com trozos visibles de los ingredientes. Si te gusta el crocante, añade:
  • 1 puñado de nueces del Nogal, más almendras o nueces del Brasil, cortadas con cuchillo en trozos grandes.
  • Aplanar con una cuchara en un molde refractario. Llevar a la nevera de un día para otro. Partir en cuadritos, como una granola. Guardar en la nevera (mientras duren, no creo que sea mucho)

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Hoy fue un día más típico, pero igual terminé exhausta. Necesitaba escribir, leer, sacar un ratito para estar sola. Por eso arrullé a los niños en el carro de venida del paseo de la tarde y me prometí no volver hasta no haberlo logrado. Me decidí a sacar momentos para mí todos los días y esta fue mi manera de lograrlo. Por otro lado, Medellín me preocupa, pero me tranquiliza el alma saber que en algo, mínimo he aportado. @yogalalma

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