Por favor, no te conviertas en una caricatura de ti misma.

Hay algo que me golpea una y otra vez: ver a las mujeres de mi ciudad convertirse todos los días en caricaturas. Escribir de la realidad de Medellín no es mi fuerte, pero esto tengo que decirlo, y será mi mensaje para el día de la mujer que se aproxima.

Hace unos meses estaba con Marce mi socia haciendo unas compras para el estudio de yoga en el centro, exactamente en el Hueco. Yo le había dicho que me moría de la pereza de ir allá porque me sentía acosada, con los hombres diciéndole de todo a uno. Hace fácilmente diez años yo no iba a El hueco y desde entonces lo evitaba a toda costa por esa razón. Esta vez me quedé gratamente sorprendida porque no recibimos ni un piropo, ni una sola mirada incómoda. Y entonces le comenté en chiste: o nos envejecimos, o ya no somos el ideal de belleza. La razón exacta no la sé, pero para efectos de este artículo, me supondré que es la segunda.

Los maniquíes del hueco ya no son el cuerpo de reloj de arena de siempre, el que ya de por sí era un ideal de belleza inalcanzable hace unos años. Ahora son una mujer imposiblemente exuberante, con silicona hasta explotar, cola tan grande que parece siempre en sentadilla y una cintura entre la que difícilmente encajan los órganos. Si no es un maniquí descabezado, su cara es de pómulos triangulares, cejas levantadas y nariz de muñeca. Si este es el ideal de belleza actualizado, no cabré en mi cuerpo de la dicha de no encajar en él.

No quiero hacerlo a modo de crítica. La mujer que cae en esta caricaturización de sí misma está tan perdida que merece más compasión que otra cosa. Lo que quiero es preguntarme en qué momento la superficialidad y el sueño de “perfección” nos ganó tanto terreno, hasta el punto de que, mujeres y familias que bien se nota no tienen todos los recursos del mundo, sacan plata de donde no hay para operarse, y operar a sus hijas jovencitas porque están frustradas por la falta de atributos.

El sueño de ser intachablemente hermosa está tan arraigado, que cada una dentro de sus posibilidades (o endeudándose un poco si toca) hará lo que sea necesario para cambiar ese detalle que la está alejando de parecer una modelo de revista. Pelo, cara, arrugas, cejas, uñas, pelos, cremas, piel, ojos y ojeras, celulitis y estrías. Alguna vez leía: “Cuántas empresas dejarían de existir si un día nos levantáramos aceptándonos tal cual somos?”. Y me dejó pensando en la cantidad de energía, plata y tiempo que nos gastamos en estar más lindas, sin saber que la trampa está en que este es un vicio del que nunca hay suficiente.

Un poco de vanidad siempre será la medida. La suficiente para mantener el amor propio, la dignidad, la atracción. Pero por favor mujer, no te conviertas en una caricatura de ti misma. La versión en cómic de lo que algún día fuiste. El sueño de juventud eterna que nunca será realidad. Tantos cambios, cirugías y adornos que pronto no podrás reconocerte nunca más en el espejo. Y entre más te transformas por fuera, más va muriendo tu esencia, más bajito te habla el alma y menos tiempo y energía tienes para realizar tu misión.

Hace unos meses estuve en un matrimonio en Chile y me sorprendió ver a la gran mayoría de las mujeres absolutamente naturales. Muchas ni siquiera usaron maquillaje, a pesar de que era una fiesta super elegante. Nada de producción ni de cosas extrañas. Eran ellas mismas disfrutando del momento. Me extrañé, pero me gustó. Recuerdo que en Medellín la cosa ya estaba dura desde las fiestas de 15 cuando parecíamos todas arreglándonos para una subasta. En ese entonces escribí un ensayo al que llamé “Viernes, día de mercado”, porque me parecía que éramos vendedoras exhibiendo sus mejores frutos. Hoy no quisiera tener 15 años, porque la competencia se ha puesto peor. No sé a quién queremos venderle tanto empaque, si estamos descuidado el verdadero regalo que hay en el interior.

3 comentarios en “Por favor, no te conviertas en una caricatura de ti misma.

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